La paz y la furia
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | TW: @perezlopresti   
Miércoles, 17 de Junio de 2020 00:00

altIncapaces de apreciar los fenomenales momentos de paz, regocijo y felicidad, muchas personas dejan de disfrutar el dinámico arte de vivir

por estar literalmente aplastados bajo sus creencias o prejuicios. La tendencia a generalizar, distorsionar o eliminar elementos propios del contenido del pensamiento, hace que los mismos se traduzcan en un lenguaje que mutila las posibilidades de disfrutar la libertad, aunque sea un puñado de ella. Pensamiento y lenguaje van de la mano con los sentimientos, por lo que el duro oficio de vivir lleva consigo la disciplina de ser templado como manera de conducirse. Nietzsche señala que la esperanza es el peor de todos los males porque prolonga el sufrimiento humano. Zeus, deseoso de vengarse de Prometeo, por haber robado el fuego y dárselo a los humanos, le regaló a Epimeteo, hermano de éste, como obsequio de matrimonio con Pandora, una tinaja. A Pandora se le advirtió que no abriera el regalo bajo ningún concepto, lo cual, por supuesto hizo, dejando escapar de su interior todos los males del mundo. Cuando atinó a cerrarla, solo quedaba en el fondo el espíritu de la esperanza, el que no salió de la vasija. 

Neopandemias

En tiempos de neopandemias, grandes multitudes sucumben ante el terror de perder sus vidas. Incapaces de saber disfrutarla en buena lid, el espíritu de supervivencia se sale con las suyas de manera socarrona. Gana el miedo y con el triunfo del mismo, las sociedades se apocan. Una amiga me explica las nuevas realidades que vendrán postpandemia y yo que a duras penas puedo vivir aquí y ahora, trato de cortar la conversación sin parecer maleducado, cuestión que no logro. Ahora resulta que el sexo es mejor si se practican las relaciones en línea, tendencia o tara selectiva que medianamente venía siendo atenuada por la natural propensión humana a cultivar el contacto interpersonal. Lo que sin dudas es cierto es que hay personas que mientras más lejos se encuentren, mejor. 

Dentro de las neopandemias, no se puede dejar por fuera el santo cuántico de lo virtual. Nuevas formas de drogarse colectivamente sirven para atenuar la poca capacidad de enriquecer la esencia de las vidas. De miserias está hecha la existencia y de lo que se trata es de hacerse un buen escudo para lidiar con las mismas. La claridad de las ideas, en medio del caos, es buena aliada. 

La invención del líder 

Se podrá estar acabando el mundo, mientras de manera paralela, lo gregario se disputa el poder. Con rapidez el virus se hace de las suyas, y a la par, campañas políticas y discursos grandilocuentes aparecen en cualquier rincón del planeta. Las pandemias pasan, pero la necesidad de hacerse del control de lo social queda. En estas removidas sociales que muchas veces carecen de fundamento que obedezca a un orden fácil de entender, el espíritu de las revueltas obedece a la necesidad de hacer revueltas. Sin escaramuzas ni rencores acumulados no existiría la civilización tal como la conocemos. Para que un proceso social pueda ser conducido, se le debe presentar al populacho cierta coherencia discursiva. Ese orden de lo que se le señala, inexorablemente deberá hacerlo alguien. Si ese alguien no es visualizado, entonces habrá que mover cielo y tierra para que emerja. La construcción de liderazgos puede ser un buen negocio, solo se necesita de carisma y un aparato publicitario (maquinaria), que haga que un ser de carne y hueso se transforme en un salvador o vengador: Es lo mismo. He presenciado el conocido proceso de creación (imposición) de un liderazgo y cada vez me convenzo de que se trata de una receta. Tal vez el descreimiento sea una manera de asumir la existencia, o por lo menos una manera de conducirse sanamente. 

¿Cada pueblo tiene lo que merece?

Incapaces de dar forma a las cosas más brutales que nos pasan por delante, la claridad se asoma cuando buscamos el origen de las mismas. Basta con ver cómo surgen los cambios y las marionetas con sus titiriteros tras bastidores para entender el duro proceso en el que nos encontremos inmersos. Los procesos sociales se van moviendo muchas veces con pinza, trabajo de filigrana de auténticos relojeros de la vida en común. A unos los mueve apoderarse del poder para promover potenciales fines que benefician a muchos, mientras otros son destructores por naturaleza, cultivadores de divisiones y cimentadores de lo más innombrable del ser. De eso alguna experiencia tenemos por haberla padecido. 

Afortunadamente, un trashumante trasciende si conoce a buenas personas en su camino. Puedo gritar a los cuatro vientos el tener la fortuna de haber conocido personas tan generosas que parecieran ser de otro mundo y de otra época. Pero están en el presente y son de esta misma tierra endurecida por los tiempos. A cada uno de ellos mi agradecimiento, porque son la prueba tangible de haber conocido lo mejor de lo humano y doy fe de que han hecho hasta lo inimaginable para hacer el bien. No existen palabras para tanta gratitud.  

 

 


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