Incertidumbre que mece la cuna
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | TW: @perezlopresti   
Martes, 03 de Marzo de 2020 00:00

altSería muy tonto y tendiente al reduccionismo radical, pensar que cada acto de la historia está precedido por un grupo de sesudas personas

que establece las reglas de juego en relación a lo que puede y no puede pasar. Es lo que muchos llaman la “teoría de la conspiración” en relación a la dinámica propia de lo civilizatorio, en la cual desaparece toda espontaneidad e inventiva. 

También sería tonto y poco reflexivo, creer que los actos propios de lo que acontece en torno al hombre y sus circunstancias es solo cosa del azar y de la más absoluta incertidumbre. Es una manera simplona de intentar explicar las cosas que se encuentra al mismo nivel de sosedad que la primera. Ciertamente existen grupos de interés que intentan que la balanza de lo civilizatorio se incline para un lado o para otro.

Grupos versus individuos

Esos grupos que juegan con el poder van desde organizaciones anarquistas con fundamentos ideológicos hasta las castas más conservadoras, puritanas y reaccionarias que pudiesen pensarse. Los anarquistas en la historia han demostrado que poder sin organización es inducción al caos y a la penuria. Los reaccionarios tratan de detener la tendencia natural al cambio, eje fundamental de la civilización. Entre esas dos anclas con las cuales trato de establecer un piso cercano al pensamiento y a lo ideológico, no deja de estar ausente el individuo, su excepcional poder protagónico y su infinito valor como ente transformador de las más singulares circunstancias. De hecho, por las individualidades y los liderazgos, es que precisamente se puede hacer operativa una idea. 

Esta tensión en la cual grupos de poder se contraponen y necesitan la presencia del actor para llevar a cabo aquello que se plantea como meta es lo que se conoce como historia universal, llena de tropiezos y yerros, porque a fin de cuentas son las individualidades las que ocupan el rol de protagonistas e inductores de los cambios. El colectivismo tiene el peso de una tara que requiere de cierta guía para no hundirse en sus infinitas expresiones de espasmo y vulgaridad. 

De los individuos, es de esperar que cometan las más inverosímiles equivocaciones y desaciertos, porque es tan propio de lo humano brillar y destacar como llevar a cuesta una buena dosis de miserias y necesidades de rivalizar. Es la naturaleza de lo humano y no se puede pedir que sea de otra forma. Lo que sí podemos esperar de lo individual es un mínimo nivel de conciencia, modestia y capacidad de reconocer los propios desatinos. Cuando eso ocurre, el individuo se deja asesorar y es capaz de aceptar y ponerse en lugar de quien piense diferente. 

Fascinación por la incertidumbre

Por razones temperamentales y de formación, soy un eterno agradecido de todos aquellos seres que han dedicado su vida por hacer del mundo un lugar mejor. A los escritores, músicos, pintores y artistas en general, les debo que cada día sea mejor por el legado que con infinito esfuerzo se obsesionaron en construir. Muchas veces sin lograr ningún grado de consideración o reconocimiento por parte de sus contemporáneos, pero con la infinita fe en que lo que estaban haciendo era bueno y debían perseverar en construir espacios de genialidad donde sus pares no veían nada. 

De ahí que me he desarrollado como persona, bajo la premisa de que la incertidumbre es uno de los elementos que generalmente está presente en lo humano, tanto para martirizarlo, como para hacer de él un cúmulo de genialidades potenciales. Tengo un rato alejado del ruido de lo mundano, por razones que tiene que ver con mis convicciones pero sobre todo por higiene. Es malsano y contaminante no tener un tiempo y un espacio para la observación, la reflexión y la puesta en orden de las ideas, todo lo cual sigue sumando al hecho de asumir a la incertidumbre como un elemento positivo. La incertidumbre asumida como un fin en sí misma. 

Contrario a ciertas apuestas por ser voluntarioso, salir del aparente letargo en el cual un hombre pueda estar no es algo que se deba apurar. Cada cosa a su tiempo y tratar de no saltarse una etapa suele ser parte de una manera de ser y caminar por la vida. Tengo boletos de primera fila para ver el espectáculo humano desarrollándose en toda su plenitud. Lamento que haya cosas que me sigan interesando, pero lamento todavía más el interesarme por cosas que requieren mi atención por obligación y no por grato placer. Igual en la gran tragicomedia humana, cada acto, cada movimiento, cada telón que sube y baja conforme pasan los minutos, puede ser fuente de enorme aprendizaje del cual necesitamos empaparnos para seguir adelante y tratar de encontrar soluciones donde los caminos se vuelven angostos o laberínticos. 

A veces los tiempos y los vientos nos juegan en contra. Es precisamente saber aprovecharlos cuando están a nuestro favor, lo que constituye el arte de vivir. Bienaventurados los que se atreven a decidirse a vivir porque de ellos será el suelo de este mundo.  

 


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