Winston Churchill siempre puede existir
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | TW: @perezlopresti   
Miércoles, 19 de Febrero de 2020 06:26

altFamosos hay por montones en los tiempos que corren. Solo requieren un poquito de perseverancia, una dosis mínima de terquedad y una mediana capacidad de ingenio.

Las plataformas tecnológicas propias de lo global hacen el resto. Es el tiempo en el cual vivimos y lidiar con eso es parte del arte de existir. 

Un intelectual de lo más conocido señala por una cadena de noticias internacionales que es imposible plantearse el hecho de que una persona como Winston Churchill pudiese existir en el siglo XXI. Da por hecho que en la contemporaneidad no tiene cabida el talento político y apuesta porque surjan individuales que representen males menores para hacerle frente a las nuevas y enredadas adversidades. 

En los tiempos de Kim Jong-un, Vladímir Putin, Donald Trump y Greta Thunberg, diese la impresión de que ciertas formas de genialidad, alejadas del fanatismo y cercanas a lo adusto y circunspecto no pudiesen tener espacio. Es tiempo de liderazgos duros que se manejan desde lo perturbado, cruel, extravagante o abiertamente enfermizo. El odio corre en cada discurso y la mesura está ausente.  Lastimosamente es de esperar que existan líderes odiosos y trastornados que destilan sus miserias cada vez que se expresan, como es de esperar que exista un conglomerado que se identifique con ellos, porque a fin de cuentas son la representación de sus propias miserias. Me cuesta aceptar que la genialidad esté contra las cuerdas. 

 

Tonto eres y en tonto te convertirás

Cada tonto con su tema tonto, hace que las redes sociales y la admiración colectiva se disparen en el más diáfano fanatismo propio de la histeria universal. La Santa Histeria, a decir de Milan Kundera, no deja de hacer su trabajo una y otra vez. Vargas Llosa es atinado cuando introduce el concepto de la civilización del espectáculo. Dios dándole cachos a los burros es la suerte de sino que marca cualquier tiempo. Lo impresionante del siglo XXI es que la globalización mediática de las consecuencias de las redes ha terminado por imponer una especie de dictadura o en los mejores casos, dicotomía del pensamiento. Ver las cosas con los matices propios de la realidad ha dejado de ser una buena práctica y las cosas parecieran llegar a reduccionismo de esto o lo otro. O estás conmigo o estás contra mí es la consigna maléfica que una y otra vez cabalga sobre la historia del pensamiento. El reduccionismo y mediocridad en su máxima expresión. 

Cuando existía un grupo de diarios medianamente confiables que respondían a intereses claramente predecibles, era sencillo hacerse una idea de lo que ocurría en nuestro pequeño universo circundante. En la actualidad es casi imposible establecer parámetros que den certeza en relación a cuáles medios de comunicación son moderadamente transparentes y cuáles no, condicionando el hecho de que hacerse una idea digeriblemente objetiva de cuanto acontece es cada vez más difícil.  

 

Talento es talento y lo demás es cuento

Al final se impone el talento. Los buenos prohombres siguen siendo buenos y los que no tienen el genio necesario para la trascendencia se ahogan en su medianía. Es muy difícil hacer crecer a los enanos una vez que pasan de cierta edad. Lo mismo pasa con quienes no poseen el don de hacer cosas impresionantes capaces de cambiar su entorno y hacer de la civilización una buena estampa para la eternidad. Cada lucha requiere de esfuerzo y perseverancia, pero el que no tiene la sustancia gris que materialice sus deseos de trascender en el tiempo, simple y llanamente se lo comerá el olvido. En realidad, a fin de cuentas, el catálogo de los grandes hombres de la historia universal podría estar abultado, si no fuese porque siempre queda un indecoroso capaz de poner su granito de arena y hacer que el mundo adquiera una manera diferente de ser visto. Nunca falta. Por eso un hombre con el talento de un grande siempre será posible, más aún cuando las circunstancias tendiesen a hacer que sea lo desmedido y/o pusilánime, lo chabacano y bajo, lo feo y descompuesto lo que parecieran salirse con la suya. 

Nada nuevo: Lo que señalo básicamente es la persistente afirmación de que no hay nada nuevo bajo el sol. El talento es por antonomasia excepcional y sería contrario al buen juicio y al espíritu de cualquier tiempo que se estuvieran gestando genios por doquier. Si algo ha permitido la promiscuidad comunicacional de los tiempos que corren es ver cada tonto con pies de barro tratando de lucirse sin tener los más elementales recursos para demostrar su valor. No dejamos de ser los mismos por ser exigentes. Creo que simplemente se ha dejado de ser exigente porque quienes quieren dar más no tienen con qué y los que podrían tener con qué no quieren dar más. Cada cosa en su lugar en un tiempo que no deja de sorprendernos por los extraños intentos de ser creativos y únicos, a la vez de repetitivos y predecibles. Siempre habrá tiempo para la genialidad, ojalá no tardase tanto en aparecer. 

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