De la biblioteca como hábitat
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 12 de Agosto de 2019 05:18

altAños muy atrás, quizá en El Diario de Caracas, disfrutamos de un reportaje sobre los veinte mil libros alcanzados por Guillermo Morón en la estantería hogareña.

Ahora, son más, rigurosamente ordenados y limpios, con una mayoría de ejemplares con lomos partidos, explicando la arquitectura interior de una casa acogedora, signada por el calor de la antigua clase media.

Constatamos, personal y recientemente, dos estelares salas que albergan las valiosas piezas, destacando - en una - el chinchorro para la lectura más apasionada, y - en otra - un cruce de vigas que afianzan, desde arriba, estructuralmente los anaqueles. Además de los obviamente relacionados con la materia histórica, impresiona la variedad de títulos que revela la curiosidad e interés del periodista de opinión que también ha sido, con mucha tinta acumulada.
 
Luego, la casa es una biblioteca con biografía propia, desde el primer instante que formalizó la colección, explicando ahora la vivencia de cada uno de los espacios disponibles.  Rincones de imprenta, puede decirse, sin asomo de bytes,  hablan del afable temperamento del disciplinado lector que, por acá o por allá, en medio de los ejemplares más recientes,  tiene a la mano algún objeto para la nostalgia, sobre todo caroreña. 
 
Por invitación de José Alberto Olivar, igualmente bibliotequético, acudimos a la casa de don Guillermo también para proseguir con las notas sobre las estanterías ajenas.  Olivar no sólo precisó algunas preguntas para el trabajo académico que desarrolla, sino tuvo ocasión de consultar un texto de muy difícil ubicación y consulta, mientras el suscrito apuntó en torno a dos circunstancias en la vida del escritor que tiene todavía por oficio - una aparente redundancia - leer:  Morón respondió con cordialidad a las inquietudes planteadas y hasta echó un cuento "colorao" de su admirado Chío Zubillaga, a la vez que comentaba en relación la solidez confiable de los estantes y la preservación del legado de Gutenberg.
 
Años muy adelante, esperamos completar y celebrar la urgida reforestación bibliotecaria del país, en nada incompatible con los medios digitales. Vale decir, para construir un hábitat también del afecto, pues, nos sentimos a gusto con la remota anécdota que tuvo a bien compartir con nosotros,  don Guillermo junto a su esposa.
 
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