Una carcaza del art-decó (2/2)
Escrito por Siul Nagarrab   
Domingo, 02 de Junio de 2019 07:08

altDe injusto e incierto futuro, el viejo hipódromo o lo que queda de él, el pabellón de El Paraíso, retrata fielmente a Venezuela petrolera.

Por cierto, con el diseño maravilloso de sus pisos originales, en dos salones, quizá estamos a tiempo de recuperar el inmueble que pudo ser la sede natural del Museo de Arquitectura de Caracas, desde muy antes que el farallón publicitario de la actual dictadura fuese construido e instalado al lado el inutilizado Nuevo Circo de Caracas.

Dos elementos del definitivo deterioro del pabellón, destacan: por una parte, tras la mudanza del hipódromo a La Rinconada, abandonado el inmueble, quedó como sede del Liceo de Aplicación que la buscaba desde finales de los cincuenta. Apenas, el Instituto Pedagógico de Caracas, del cual dependió directamente la institución educativa, podía mantenerlo, remendándolo como podía, gracias a las diligencias hechas ante el ministerio de Educación; valga la paradoja, cayéndose prácticamente lo que quedaba del pabellón, el reclamo de una nueva sede permitió instalar dicho liceo en otra edificación de dudosa vistosidad y calidad,  ahora precarísima, ubicada en Montalbán, para que otro liceo, el Edoardo Crema, déjase una vieja casona a punto de desplomarse, y viciosamente aspire a algo mejor que la carcaza del art-decó.

Por otra, por la construcción de La Araña, la estatua de La India fue mudada a la entrada de La Vega y Montalbán, perdiéndose no sólo la redoma. Aquella plaza modesta a la que aludimos, al lado de la sede del Colegio de Abogados, se perdió, siendo convertida en un estacionamiento después cercado que todos suelen creer que pertenece al gremio profesional: ni idea de la concesión y de los concesionarios de un sitio en condiciones deplorable.

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La otra e inevitable paradoja: a pesar del historial hípico de El Paraíso y del valor arquitectónico de un inmueble que contrasta con el diseño serializado y masificado a partir del boom petrolero de los setenta, jamás el Instituto Nacional de Hipódromos se interesó para reivindicarlo, recuperarlo y hasta construir un museo propio.  A nadie le interesaba ni le interesó en un país que explicaba el juego del 5 y 6, añadido el sellado dominical de tradición, como parte de su demencial identidad: la ludopática.

Las fotografías anexas, tomadas a mediados de 2018, revela la horridez adquirida por la vieja sede del Hipódromo de El Paraíso, atril de todos los grafitis del mundo, por supuesto, incluyendo la saturación chavista; a alguna empresa le sobró pintura y logró contratar con la alcaldía menor para darle unas manos de pintura blanca, aunque son pocos los grafiteros que han hecho fiesta, pues, no hay pintura y si la hay resulta impagable para la manía rayadora. Queda del viejo pabellón del Hipódromo de El Paraíso, una carcaza: ojalá sepamos de su restauración, lejos de la suerte que corrió la antigua sede de los correos en Carmelitas, hueca por dentro y caricaturizada por fuera.


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