Los nidos y las ratas
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | TW: @perezlopresti   
Miércoles, 29 de Mayo de 2019 06:23

altMi buen amigo F. P. padece de un dilema moral del cual no podrá escapar jamás. Es mártir de los juicios que elabora previamente de las cosas.

Es un cinéfilo como ninguno, conocedor de todas las películas que valen la pena conocer y además de las que no lo valen. Ha conversado, analizado y escrito como nadie acerca del cine pero no quiere aceptar lo inevitablemente obvio: El mejor actor de todos es Marlon Brando.

Conste que no me refiero a un tiempo ni a una nacionalidad. Ni siquiera a una película en particular, sino al emblemático precepto de que el mejor actor de todos, sean hombres o mujeres, es Marlon Brando. ¿Por qué Marlon Brando es el mejor actor de todos los tiempos y no ha sido superado?

Su estratagema para actuar, que es la que lo ha convertido en lo que es, no solo es una técnica muy difícil de ejecutar, superando la premisa basada en que el actor debe sentir lo que emocionalmente pasa por la cabeza del personaje, sino que para poder actuar, Marlon Brando se transforma en el personaje, al punto de que Brando es el personaje. Dicho de otra manera, Marlon es Paul y también es Vito Corleone y su método de actuación sin ambages es una forma de interpretar y asumir la existencia en la cual se es afín al personaje que caracteriza el actor porque por encima de interpretarlo, se transfigura en el mismo. Marlon es el personaje, no una recreación de la persona a quien interpreta. Incluso podemos afirmar que el personaje deja de ser tal para convertirse en Marlon Brando, máximo grado de posibilidad de riqueza artística: El producto es su artífice, tanto o más que pensar que el artífice construye el producto. Pensar en esta posibilidad cruza la raya del arte para transformarse en una dimensión francamente endemoniada, absolutamente satánica. 

Cuando Paul usa la mantequilla casera en la legendaria escena de El último tango en París está haciendo apología a la maldad. De igual forma la manera, cuando Vito Corleone utiliza a las personas, representa la exaltación del triunfo del mal. Por eso mi amigo F. P. sufre: Porque se da cuenta que el cine, que para él es una pasión incomparable, es ejemplificada por un hombre que va de la mano con la maldad. La maldad es la que sale triunfante cada vez que Marlon Brandon se luce en una actuación, dice mi amigo F. P. 

En realidad hay un error conceptual más profundo que tiene dos aspectos que quiero destacar en este texto. 

Lo malo y el talento

Por más que quisiéramos negarlo, el talento y la bondad no tienen nada qué ver. Se puede ser científico, artista o Santo, sin que existan muchas contemplaciones al momento de medir los alcances de una acción humana. No existe una condicionante ética en particular que sea la brújula que guíe las cosas, mucho menos las ataduras morales, cuando una de las cosas que precisamente ha hecho avanzar a la humanidad, en términos positivos, es la presencia de transgresores inteligentes que han cuestionado atavismos y convencionalismos, pudiendo revertir las injusticias más aparatosas con las cuales hemos lidiado por siglos. Genialidades amorales van y vienen conforme pasa el tiempo, dejando su buena semilla sobre la tierra. Lo que sí existe, para fortuna de quienes creemos en el potencial del individuo, son las convicciones de unos cuantos, que son tan aplastantes que terminan por imponerse. No creo que la convicción de alguien sea precisamente un signo de claridad colectiva, solo es la certeza de un individuo. 

El crimen sí paga 

Ajeno a la idea de que los malos son necesariamente castigados, sinceramente pienso que unos se salen con la suya y otros no. Paul termina siendo asesinado en El último tango en París y Vito Corleone puede morir viejito, pero no puede evitar el sufrimiento de quienes le rodean. ¿Acaso no es por demás ejemplarizante el final del film “escandaloso” y El Padrino? En ambos los malos terminan por pagar sus crueldades, ya sea porque lo sufren en carne propia o porque lo padecen sus seres queridos.  En El último tango en París y en El Padrino, vence la moral (y las buenas costumbres), por encima de las posibilidades de transgredir en sentido negativo. 

Epílogo de la genialidad

La inteligencia es la base sobre la cual se sustenta el potencial creativo de un ser humano y esa inteligencia puede o no tener límites morales. Lo que hace inteligente o no a una persona no es su alianza con el bien, sino sus posibilidades de alcanzar logros. Cuando la inteligencia se desborda, los logros trascienden en el curso del tiempo y en ocasiones, hasta el propio curso de la historia se modifica. 

Es tan molesto para algunos tener que aceptar que el talento puede ser amoral, que uno termina por creer que su intelecto está delimitado por prejuicios. En otras palabras, es de sabio reconocer que ser sabio y ser bueno no tiene nada que ver. No existe relación alguna entre una y otra cosa y tratar de entenderlo, puede que no sea satisfactorio, pero potencialmente puede aclarar el entendimiento. 

 


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