Síndrome Padura
Escrito por Siul Nagarrab   
Domingo, 03 de Febrero de 2019 07:42

altPor siempre, el receso decembrino nos ha engañado. Comienza como una promesa para hacer todo lo que ha quedado pendiente en casa,

como el ordenamiento de los papeles y libros que van anegando sus rincones, y concluye como una estafa, siendo tan breves los días. Sin embargo, la urgencia impuso la remoción de algunos viejos archivos convencionales, sin oportunidad alguna para digitalizarlos y guardarlos.

En unos de sus esos movimientos, apareció “Ciencia política manifestada en teorías del Estado” de Aurora Arnáiz, edición de 1976, generando todo un sentimiento de culpa, pues, en su momento, a vuelo de pájaro, nos pareció un título más de divulgación, pero – ahora que  lo hemos necesitado, a propósito de un largo texto pendiente – ha resultado revelador, por no citar la acreditación académica de una autora a la que aspiramos leer aún más,  por las obras que reportan las redes. Todavía recuerdo que lo adquirí en una librería y papelería cercana a la casa y de la cual no queda ni la sombra, a un precio accesible, en junio de 1980, según consta en el volumen que desgraciadamente encapsulé con el llamado papel de contacto transparente dizque para preservarlo: supusimos una mejor conservación de las cosas al emplear ese papel adhesivo de los tiempos petroleros, que generó tantos hongos, gracias al pegamento,  en los libros transparentados, en los muebles que se les quería con una renovada estampa de madera fina, o en las paredes que apostaban por inequívocos colores planos.

El caso está en una obra que resultó especializada y convincente, como la de Arnáiz, pudo encontrársele en un local pródigo en textos escolares, bolígrafos y creyones de las más reputadas marcas, y, abundantes y baratos, como el famoso “pan e piquito”, grapas y clips. No fuimos ajenos a las grandes novedades editoriales y, habilidad de libreros por delante, utilidad cierta de las divisas disponibles, nuestras importaciones también fueron insignes en el exigente rubro de la recreación lectora y de la reflexión organizada, contrastando dramática y hasta trágicamente con el presente siglo que se dijo promisor; además, muchos títulos llegaron a los remates, como el del puente de las Fuerzas Armadas, por una “vejez” de dos o cuatro años de impecable edición.

Ya sentimos en Venezuela, la lúgubre atmósfera que se respira, por ejemplo, en varias obras de Leonardo Padura, ejemplificada en “El hombre que amaba los perros”, porque reconstruyó la biografía de Trotsky con lo poco que pudo encontrar en la Cuba carcelaria. Excepto las nuevas noticias que ofreció en torno a Mercader, el asesino, secretamente tan laureado por el Kremlín, la novela tiene por trasfondo a Isaac Deutscher y sus conocidos tomos sobre el otrora líder menchevique que, valga el detalle, no hubiese sido distinto al líder bolchevique que ordenó su asesinato.

Cualesquiera trabajos de índole académica, recreativa o meramente escolar, ya lo   hacemos en Venezuela con los pocos recursos bibliográficos que encontramos, empobrecidas e infuncionales las bibliotecas públicas, imposibilitados de una versión digital, aún la más modesta, al fallar las conexiones. Por supuesto, no tenemos el talento de Padura, pero ya transitamos el camino de un síndrome: escribir con lo que únicamente se tiene a la mano.

 

 

 

 

 


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