Epitafio. El ruido aparatoso del adiós
Escrito por Leandro Area Pereira | @leandroarea   
Jueves, 24 de Enero de 2019 00:00

altNunca después de toda esta fanfarria se podrá olvidar el ruido que has hecho, que haces, directo al tímpano del alma.

Durante tantos años que ni cuento de vergüenza de reloj que no cambia de hora pero llevamos puesto para fingir y más aún en el tropiezo de los días que te vas, estampida, torbellino, sigilo, que así no te vayas ya estás ido de un todo aunque reposes en el desván de las cosas que no sirven pero que siguen estorbando, haciendo daño y sin pausa.

Hasta en el sueño ruido. En nuestras casasdejamos de trabajar, comer, oír, hablar, leer, sonreír, recibir amigos y visitas. Confinados a encierro progresivo comenzamos a utilizar mascarillas hospitalarias, si se encuentran, para retrasar la infección implacable proveniente de tus desmanes, además del olor nauseabundo que flota, que brota, se esparce. Ruido y hedor.

Ya ni nos conocemos en la tribu, nos cambió todo, sobre todo el aliento, la mirada, la confianza que brota del lenguaje. Nos evitamos. Nos parapetamos en un tartamudeo de señas con las que dar indicios de deseos y urgencias. 

El ruido es la omnipresencia, el silencio su complemento necesario, la majestad del oprobio donde no cabe la palabra, el ejemplo de la perversidad que ocupa tu rostro cínico en el tropiezo de la emponzoñada e inevitable cercanía de la realidad impuesta.

Sintiéndote el rey del universo, tú y los tuyos,con tus contactos y chanchullos, martillas, taladras, asierras, disparas, encarcelas, sopletes, mandarrias, destruyes, arruinas. Seres, maderas hundidas, piedras flotantes, fierros chispeantes, cemento aéreo, corona de clavos y de astillas, coctél irremediable de nuestra angustia diaria y de los míos y vecinos, asunto personal, olor a entierro.

Construyes tú fortaleza en la miseria a punta de billete y mal gusto, muro de isla, para tu esperpento visual de contaminación humana, mientras el país se +derrumba a pedazos. Qué contradicción tan flagrante, bestial, ¿no te parece, miserable?

Cómo desperdiciar esta invasión, esta mística obsesión de calabozo ajeno, para decirte infame y por escrito, como si los demás no existiéramos, que jamás olvidaré este derrumbe, en el que hasta los pájaros dejaron de anidar en nuestros horizontes.

Un buen día te llegará la inclemencia y te demolerá hasta en la última cabilla de tu abuso. Andarás en rodajas pidiendo lástima tocando timbres inauditables en los onanismosinternacionales y otras obscenidades que tanto respetan los asuntos internos y las soberanías donde habitan tus encapuchados amigos.

Y ya no habrá nada porque andarán perseguidos y pirados por la gelatina justicia o confinados en mazmorra asignada a convictos por tus idénticos desmanes contra la indignidad pública que alguna vez es bueno que florezca entre estos pueblos del planeta proclives a la sumisión y al abuso acunados en la profusa naturaleza y en los mitos histriónicos y militares y permisados por las autoridades transitoriamente constituidas por voto popular que nada es para siempre ni siquiera lo malo ni siquiera la maldad, la tuya por supuesto.

Lo que te toca es silencio, silencio sepulcral.

No creo que engendres luto.

Después será después


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