Soft Machine : “Hidden Details”
Escrito por Jordán Quintero   
Domingo, 16 de Septiembre de 2018 11:32

altMe imagino la marea de canas y calvas que se darán cita en cualquier concierto de esta renacida leyenda, verdaderos pioneros de todo cuanto tenga que ver con la Fusión,

el movimiento Prog, el jazz-rock, y hasta la psicodelia, pues ciertamente el devenir de los años, y sus diferentes y ricas etapas, le han dado la razón como personificación de una vanguardia cierta, de quienes desde su trinchera lideraron la tendencia “Canterbury” no sólo en su Inglaterra natal, sino en todos los puntos cardinales de la música global de fines de la década de los 60s y principios de los 70s, clara referencia del más carismático jazz europeo. 

Como institución musical británica por sus filas han pasado icónicas figuras de sus instrumentos como Robert Wyatt, Daevid Allen, Mike Ratledge, Kevin Ayers, Elton Dean, Hugh Hopper, Roy Babbington, Karl Jenkins, Allan Holdsworth, John Marshall, Andy Summers (The Police),Percy Jones (Brand X), Rick Sanders, John Etheridge, Dave McRae, Jack Bruce, entre otros, y la más reciente adquisición Theo Travis quien no es ningún asomado, ni cayó en S.M. por una “postulación” o alguna “palanca roja”. Su dilatada carrera artística le ha llevado a participar en grabaciones y giras de agrupaciones como Gong, Porcupine Tree, No Man, The Tangent, Jade Warrior, Karmakanic, Bass Communion, Cipher, The Great Unknown, y codo a codo con nombres tales como Robert Fripp (4 álbumes), Steven Wilson, Richard Sinclair, David Sylvian, John Lester, Anja Garbarek, Mick Karn, Steve Jansen, Dick Heckstall-Smith, Gaddy Zerbib, David Gilmour, Francis Dunnery, Harold Budd, Bill Nelson, John Foxx, Phil Miller… y pare de contar, pues su nombre está incluido en más de 120 álbumes.

Ahora, a la vuelta de otro siglo, inesperadamente, cargados de años, experiencias, y sobre todo, muchas ganas de seguir, se nos presentan como una nueva y remozada etapa de lo que ha sido un ícono del jazz mundial, e influencia de sucesivas generaciones. Disueltos en 1978, y recreado en 1981 y 1984, resurgen en 1999 como Soft Ware, luego Soft Works en 2002 al 2004, y después como Soft Machine Legacy con la incorporación de Travis en 2006, hasta volver al nombre original en 2015, con giras por Europa, América del Sur , y Japón. El nombre de la banda proviene del libro “The Soft Machine”, escrito por William Burroughs; una novela de jueces corruptos, agentes narcóticos adictos, soldados ahorcados, médicos malvados y monstruos mitológicos surgidos en los adelantados laboratorios de la ciencia, en una surrealista y brillante secuela de imágenes en su famosa técnica de corte y plegado aleatorio de las palabras, transformando la narración en una nueva forma de poesía en prosa. A Daevid Allen (más tarde fundador del grupo Gong) se le encargó la tarea de pedirle permiso al escritor para usar el nombre de la novela, y lo logró! 

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Este nuevo álbum no es un recopilatorio, ni un grandes éxitos de …, hay sangre en las venas que aún corre creativamente entre este cuarteto, y aunque se retoman dos viejas composiciones de Ratledge, sus arreglos les dan una dimensión espacial muy acorde con nuestros días actuales. Tampoco la intención es la de revivir añoranzas; eso se intuye desde la pieza inicial.  “Hidden details” nos remite a la eminente presencia del inefable guitarrista Allan Holdsworth en su paso por el Soft Machine del álbum “Bundles” (1975), como para no olvidar que John Etheridge le reemplazó dos veces en el pasado, de allí que se sienta que su contemporáneo solo de guitarra es de un prominente virtuosismo, caprichoso y libertario que pareciera elevarse en un revoloteo acrobático e insinuante, mientras el saxo trata de enmarcar el tema entre líneas más ortodoxas de un jazz acomodaticio a la tradición, y por ser la pieza de apertura del álbum de inmediato nos predispone a una incursión curiosa por los ignotos senderos que la Soft Machine de siempre nos invitó, y allí mismo se produce la primera y grata sensación del regreso de algo que habíamos dejado penitente en el lejano altar de los sonidos sagrados del dorado pasado del jazz-rock. Hay autenticidad en la propuesta y para nada suena a refrito o caricatura de tiempos idos. El periodista y escritor Sid Smith, quien estuvo presente durante el proceso de grabación en diciembre 2017 señaló que “aunque el disco está, por supuesto, influido por el pasado, la música no está cargada con aquel peso, ni comprometida de manera mal entendida con esa inmensa trayectoria. La banda sigue estando animada por aquel espíritu inefable e inquisitivo que durante 50 años ha hecho de este grupo una experiencia atractiva.”

Quizá sea “Ground lift” la pieza que guarde el más claro y expresivo abolengo del Soft Machine de la década de los 70s, estableciendo un climax suspensivo entre la percusión inicial, los efectos de pedal de la guitarra, y el fraseo lamentoso del saxo que en un solo bastante inspirado y agudo nos devuelve a ciertas frases que el sin igual Elton Dean nos deleitó y nos hizo levitar en álbumes como “Four” y “Seven”, y al igual sucede con la siguiente y muy corta pieza titulada “Heart off Guard” la cual la inicia John Etheridge con guitarra acústica muy en la vena del cuarteto Oregon, y aunque apenas se extiende por 2´29”, deja un espectro sonoro de muy cavilosa expresión como materia prima suficiente para extenderse en algún nuevo álbum, más íntimo e introspectivo. La quinta pieza del álbum , “Broken Hill” es un panegírico de virtudes musicales reunidas en cuatro músicos que saben entender lo que están haciendo. La guitarra eléctrica hace una exposición que nos remite a la obra y el estilo del noruego Terje Rypdal, dejándonos, como el título de la composición anterior, con el corazón desprevenido!   Acá la esencia de lo que ha sido la historia de Soft Machine  recibe una bocanada de Arte como pocas veces pueda suceder en las aventuras de las bandas, las agrupaciones, rescatadas.

Creo que es imprescindible al escuchar el álbum totalmente no separar la 4ta y 5ta piezas porque parecen complementarse una a la otra; no son lo mismo si se escuchan por separado. En cambio, “One Glove”, la 7ma pieza, es un guante que puede irle a cualquier mano, a cualquier momento, cualquier audiencia, proyectando a cabalidad lo que hoy significa ser S.M. 2018; se dice fácil, después de 50 años desde que publicaron su primer álbum. Jazz europeo en su más pura necesidad de expresión con una gran urgencia por abarcar público, con gran sincronismo y un desborde energético por parte de Etheridge (brillante ¡), y del más joven del cuarteto, Theo Travis (Birmingham, 1964) al saxo. Para quienes hemos sido seguidores asiduos de la discografía de Soft Machine las consecutivas piezas “Out Bloody Intro” y “Out Bloody Rageous, part 1” coronan todas las expectativas, son el pasaporte inmediato a un pasado dorado, cuando éramos felices y no lo sabíamos, de cuando se salía del cine a las 11 de la noche y de allí íbamos a buscar una hamburguesa o una arepa a las 12 de la medianoche, o simplemente recorríamos la ciudad a pie, silbando desprevenidamente, o cuando íbamos a cualquier banco a comprar unos dólares sin necesidad de carnets ni de colas humillantes; “época”, dice uno, de cuando en la radio (AM, por supuesto) por accidente se escuchaba, una que otra vez, algún progresivo descarrilado sin ninguna relación con la a-plastante salsa o “el disco” de entonces. Todas esas sensaciones y más, me asaltan al escuchar este par de composiciones donde la presencia de Karl Jenkins es absoluta, y Travis con uno de sus 16 saxos es impecable, exultante! 

De muy alto y libre vuelo son las dos siguientes piezas de este extraordinario álbum. “Drifting White” es sutileza y ternura expresada en un minuto y cuarenta segundos, un solo de guitarra eléctrica muy auspicioso para darle intro a “Life on Bridges”, quizá la más angulosa e insinuante composición que da paso a una atmósfera más free-jazz, menos concéntrica, y por tanto despojada de identidad-cliché, donde la esencia misma del jazz europeo se pone de manifiesto, algo que John Zorn hubiese querido firmar como suya. Y, en absoluto contraste, la siguiente “Fourteen hour Dream” nos devuelve a un mundo sincrónico y redondo, equilibrio extremado por la guitarra y la flauta, rítmica medida a la perfección donde Roy Babbington al bajo, y John Marshall en batería enuncian su placer de estar a gusto como cuarteto, como entidad sólida, y no deja de remitirnos la línea melódica de dúo de solistas a lo King Crimson de “Epitaph” y “Lizard”. Si se  hablara hoy en día de “comercializar” este álbum, este tema  va como anillo al dedo, y lo mejor es que … no cansa.

Si se quiere buscar encantos enigmáticos en el seno de estos 14 temas que conforman “Hidden Details” (grabado en diciembre 2017, en Surrey, Inglaterra, en Temple Studio del recientemente fallecido baterista y productor Jon Hiseman) las piezas “Breathe” y “Night Sky” (como bonus track) son dos hermosos pilares para sustentar la cabalidad de una obra total como álbum muy bien pensado y diseñado; en pocas palabras , una Obra de Arte duradera, un hito más en la prolongada e interesante historia de SOFT MACHINE. El empeño puesto acá y allá por Etheridge y Travis asoman un largo aliento a lo que puede muy bien ser la última e inminente etapa de esta leyenda británica pionera, desde su creación en 1966, del Rock Psicodélico, los shows multimedia en el escenario con hipnóticos juegos de luces compartiendo honores en notoriedad de avanzada con Pink Floyd, y después de lanzar su 1er álbum en 1968 las influencias del jazz fueron creciendo en el entorno de sus integrantes, por lo que se dijo que eran una banda rock-jazz, desprendiéndose de allí el apelativo “fusión”, y liderando la tendencia Canterbury. En conclusión, Soft Machine es una cautivante página de la música que nos tocó vivir. 

                                                                                               


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