Los inmaculados
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | @perezlopresti   
Viernes, 14 de Septiembre de 2018 00:00

altLa vida personal de cualquiera se parece un tanto a los combos que ofrecen en las ventas de comida rápida: Se aceptan como vienen o simplemente se cambia el pedido.

La historia de vida de un ciudadano va acompañada de tantos componentes, que zafarse de tamaña cola es francamente imposible. De esos elementos propios de la existencia de cualquier persona, los moralistas hacen fiestas destructivas y carcomen desde reputaciones hasta vidas enteras.

En su afán de andar persiguiendo a los demás, muchos de quienes cuestionan el carácter moral de las cosas que nos rodean, se olvidan de mirarse en el espejo de la conciencia personal y son incapaces de darse cuenta de sus propias miserias.

En general, las personas que presumen de su moralismo suelen despertar sospechas. ¿Para qué presumir del carácter impoluto si es una condición que no necesita ser comprobada? Los inmaculados propenden a atisbar con facilidad la paja en el ojo ajeno, siendo incapaces de ver la basura en su propia carne. Persiguen con saña a aquellos a quienes colocan en su mira para destruir cualidades y atributos en una desmedida demostración de rivalidad. 

Tienden a opinar sobre cualquier mortal y su expresión predilecta: El “sí, pero…” los delata frente a los espíritus más agudos. Nada está bien para los inmaculados y nadie es bueno en su retorcida balanza de andar sopesando la moralidad ajena. 

El ser humano es imperfecto y generalmente anda un tanto maltrecho cuando intenta saldar cuentas y hacer un balance de sus conductas desde la perspectiva moral. De las cosas más apasionantes del cristianismo, pocas pueden provocar tanta impresión como cuando se plantea el asunto de la relativización de la moral. Jesús se fue al monte de los Olivos. Los maestros de la Ley y los Fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en el medio y le dijeron: -Maestro, han sorprendido a esta mujer en pleno adulterio. La Ley de Moisés ordena que mujeres como ésta deben morir apedreadas. Tú, ¿qué dices? Con esto querían ponerlo en dificultades para poder acusarlo. Si contrariaba la tradición estaba transgrediendo la ley y por consiguiente sería juzgado. Es entonces cuando Jesús muestra su más elevado ingenio y resuelve la situación de una manera que deslumbra y paraliza a todos en ese momento y logra impresionarnos cada vez que recordamos el conocido pasaje bíblico.

Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como le seguían preguntando, se enderezó y dijo: -“El que no tenga pecado lance la primera piedra”. Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo. Todos se fueron retirando uno a uno, comenzando por los más viejos. Jesús quedó solo con la mujer que seguía de pie en el mismo lugar. Entonces se enderezó y le dijo: -“Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?” Ella contestó –“Ninguno, señor.” Jesús le dice: -“Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar en adelante”.

En lo personal creo que esta enseñanza es particularmente importante por la infinidad  de implicaciones a las cuales deriva, desde el respeto por la condición femenina y sus atrevidos enredos eróticos, hasta la idea de que se puede enmendar un error precisamente cuando no se vuelve a cometer, para nombrar algunos de los alcances de este acto.

En la vida cotidiana no puedo dejar de sentir compasión por la manera feroz y caníbal como se intenta destruir la vida de quienes nos acompañan en nuestro trance vital al ser juzgados por lo que consideramos “errores cometidos”. 

Precisamente, si algo enseña el diario vivir es lograr alcanzar el entendimiento que nos permita aclarar que el error es parte de la vida y su ausencia es sinónimo de falta de experiencia. Dicho en otros términos, se adquiere experiencia precisamente porque vamos amontonando errores y nos damos cuenta de ellos. No son las faltas que cometemos las que nos definen sino la posibilidad de no volverlas a cometer las que nos hace sabios y fuertes. 

Cuando San Pablo andaba persiguiendo a los cristianos tuvo una revelación camino a Damasco y se convirtió en el más afanoso de todos los seguidores de Cristo. Pablo llena al mundo de iglesias y sin su existencia el cristianismo no hubiese pasado de ser una curiosa secta. Su carácter elevado desde el punto de vista moral lo da precisamente el hecho de que se convierte, se transforma y asume un destino contrario al que venía conduciéndose.

Es el hecho de cometer el error y entender que debe enmendar el rumbo de sus acciones, lo que da exactamente el carácter supramoral a los grandes espíritus. San Agustín, Mahatma Ghandi, Martin Luther King, Nelson Mandela y paro de contar para no caer en diatribas estériles, cometieron montones de yerros, mas su genio está precisamente en la sensibilidad que cada uno de ellos tuvo para corregirlos y redimensionar su lucha, su destino y el de millones de seres que los siguieron, para quienes han representado y siguen personificando el sentido de sus vidas.

 

 


blog comments powered by Disqus
 
OpinionyNoticias.com no se hace responsable por las aseveraciones que realicen nuestros columnistas en los artículos de opinión.
Estos conceptos son de la exclusiva responsabilidad del autor.


Videos



opiniónynoticias.com