Eterno retorno a Milan Kundera
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | @perezlopresti   
Miércoles, 13 de Junio de 2018 00:00

altA veces siento que estoy en deuda con Milan Kundera por haber tenido el infinito gusto de leerlo. Entonces escribo nuevamente sobre él.

Milan Kundera es un escritor checoslovaco nacido en 1929. Se afilió al partido comunista al término de la segunda guerra mundial y fue expulsado del mismo en

1948. Profesor de la Escuela de Estudios Cinematográficos de Praga, perdió su cargo tras la invasión rusa (1968). Sus obras fueron retiradas de la calle, y desapareció de los manuales de literatura. En 1979 fue privado de su nacionalidad checoslovaca por la publicación de la obra «El libro de la risa y el olvido». Representa al escritor «total», en sentido de que su obra alcanza la perfección en la novela, el cuento, el teatro, el ensayo y la crítica literaria. 

Estas son algunas notas que deseo compartir por entregas, pues de su producción literaria me he dedicado a estudiar los siguientes libros: 1. La broma. Novela (1967). 2. El libro de los amores ridículos. Cuentos (1968). 3. La despedida. Novela (1973). 4. La vida está en otra parte. Novela (1973). 5. El libro de la risa y el olvido. Novela. (1978) 6. Jacques y su amo. Obra de teatro en homenaje a Diderot (1981). 7. La insoportable levedad del ser. Novela (1984). 8. El arte de la novela. Ensayo. (1986). 9. La inmortalidad. Novela (1989). 10.Los testamentos traicionados. Ensayo (1993). 11. La lentitud. Novela (1995). 12.La identidad. Novela (1997). 13.La ignorancia. Novela (2000). 14.El Telón. Ensayo (2005). 15. La fiesta de la insignificancia. Novela (2014).

Sus primeras obras van a estar muy condicionadas por elementos políticos, cuyo eje central es la crítica a los regímenes totalitarios y cómo se ven afectados los personajes de la novela por la política, desde la forma de plantearse aspectos elementales de la existencia, hasta la manera de vinculación interpersonal de la gente.

En «La broma» (1967), un personaje quiere impresionar a la joven con la cual galantea y escribe en una postal «para herirla, asombrarla y confundirla: ¡El optimismo es el opio del pueblo! El espíritu sano hiede a idiotez. ¡Viva Trotski! Ludvik». El gesto, pilar fundamental de esta novela, le cuesta caro. Tiene que pagar con la pérdida de su libertad la supuesta arremetida contra el régimen. El personaje es denunciado por la propia joven con la cual mantiene una relación afectiva. Kundera es meticuloso cuando narra la forma en que es vejado por soldados adolescentes encargados de su custodia. El contenido es eminentemente político. Una crítica al totalitarismo imperante en su vida, pero particularmente cómo afecta la conducta de las personas con las cuales se vincula.

«El libro de los amores ridículos» (1968), tiene un carácter más lúdico. Orienta su obra literaria hacia escenarios de mayor profundidad psicológica. Sin embargo, el contenido de lo político sigue presente y el autor se vale de la ironía «…los mártires son quienes tienen permitido reafirmarse placenteramente en su dulce inactividad al confirmarles que la vida no ofrece más que una disyuntiva: ser aniquilado o ser obediente».

En «la vida está en otra parte» (1973), el autor exacerba sus cualidades irónicas al construir un personaje. Se trata de un poeta «revolucionario» que llega incluso a elaborar los «versos socialistas acerca de la muerte». El poeta expresa en sus letanías el deseo de poder relatar sólo historias de amor: «¡Es tan agradable relatar este tipo de historias! ¡Qué maravilloso sería poder olvidarse de aquella que ha sorbido la savia de nuestras cortas vidas para poder emplearla en sus vanas obras, qué hermoso sería olvidarse de la Historia». El controvertido tema del artista «comprometido» y la potencial mengua de su capacidad artística.

En «La despedida» (1973), la seducción y el erotismo se entremezclan con el contexto político: «… lo que lo impulsaba a conquistar a las mujeres era el deseo de venganza, era la tristeza y el descontento o la compasión y la lástima, el mundo de las mujeres se confundía para él con su amargo drama en este país, en el que había sido perseguidor y perseguido y donde había vivido muchas peleas y pocos idilios».

En «El libro de la risa y el olvido» (1978), sigue siendo el totalitarismo el escenario donde se mueven sus personajes: «Mirek es un corrector de la historia igual que lo es el partido comunista, igual que todos los partidos políticos, que todas las naciones, que el hombre. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad. El futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se reescriben las biografías y la historia».

Kundera representa la paradoja genial de aquello que nos divierte y a la vez nos condena.

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