El c(aos)mos interior de Armando Rojas Guardia
Escrito por Iván R. Méndez | @ivanxcaracas   
Lunes, 10 de Julio de 2017 11:36

alt“Lo que parece singularmente humano no es la conciencia o el libre albedrío, sino el conflicto interior: los impulsos contradictorios que nos dividen”,

desliza el británico John Gray en “El alma de las marionetas”… A partir de algunas bifurcaciones existenciales, Armando Rojas Guardia  (Caracas, 1949) compuso una sinfonía de experiencias plurales y únicas alrededor de esa condición lábil, siempre en construcción, que nombramos “lo humano”.

“El deseo y el infinito” (Diarios 2015-2017) es el primer diario  publicado (primero en Internet y luego en Seix Barral) por Armando Rojas Guardia (ARG), quizá la voz más potente de la lírica venezolana contemporánea.

“Concibo el diarismo como un subgénero del ensayo. El que a mí me interesa busca no desnudar el anecdotario íntimo de mi día a día, sino las resonancias conceptuales que me provocan los hechos que vivo. En ese sentido, me interesa la trama conceptual que borda los hechos que protagonizo”, indicó el autor, durante una breve entrevista que le realizamos en el Café Provenzal, en el Este de Caracas.

Este diario no exhibe la intimidad de Rojas Guardia.  Sin embargo,  nos acoge, con su prosa poética, en la primera fila de su conciencia espiritual. Transitamos el mundo visible, las sensaciones, las percepciones y las formaciones volitivas que conforman las pasiones contra las cuáles luchó (y lucha) el diarista. La oración, Caracas, Dios, Charlie Parker, el chavismo como retroceso, la homosexualidad, el dolor, Nietzsche, la música, la locura, Cristo, Bach, Montaigne, la realidad, la meditación, Beethoven,  el cosmos, son algunas de las ramificaciones que recorremos y, de las cuales, no regresamos ilesos.

La tradición diarística venezolana es de reciente data. Aunque Rufino Blanco Fombona publicó “Diario de mi vida” en 1929,  no fue sino hasta el siglo XXI que el género reverberó en nuestros escritores. Alejandro Oliveros (“Tristes cuidados”, 2002 / “Variar vida y destino. Diario literario” 2003) y Rafael Castillo Zapata (“Travesías: Diarios de viajes. La relación infinita, 1990-2010”, 2012) inauguran una senda que sigue sumando voces; Alejandro Sebastiani (“Derivas”, 2013); Ricardo Ramírez Requena (“Constancia de la lluvia. Diario 2013-2014”, 2015) y Victoria de Stefano (“Diarios 1988-1989. La insubordinación de los márgenes”, 2016). Rojas Guardia, nos indicó, se inscribe dentro de esta nueva corriente que detalló y ponderó, “son diarios de mucha importancia estética, literaria y espiritual”. No obstante, en Rojas Guardia el diario es una “modalidad de filosofía narrativa”, un artefacto de parpadeantes alertas azules y rojas, de invitaciones y de advertencias al lector, no pocas veces aferrado a los márgenes exteriores de sí mismo.

—   Escribes sobre el peligro de “des-almarse”, de ser un des-almado … indicas que es “el desafío permanente inscrito en esta órbita existencial”. Es como una alerta al lector de mantenerse en conexión con su interioridad, por lo menos así la percibí…

—   ARG: ¿Por qué doy un taller que llamo “Introducción a la experiencia mística? ¿Cuál es la justificación para darlo en este momento del siglo XXI? Los místicos son los maestros de la interioridad. Los místicos hacen más que demostrar,  ellos muestran que en el hombre hay un polo interior irreductible, un abismo interior que hay que reconocer, cultivar y disfrutar; para hacerlo, hay tres requisitos: silencio, cierto margen de soledad y capacidad de disciplina. Hay que tratar de reconectar con nuestro mundo interior en un momento histórico donde todo, compulsivamente, nos externaliza. Si los místicos tienen razón, nosotros tenemos que aprender a reconectarnos con esa insondable dimensión interior, con nosotros mismos desde lo profundo. El diario es una epifanía de ese encuentro con nuestro mundo interior.

El placer, el paraíso en minúsculas y la liberación de la mancha a erradicar

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En sus Diarios, Rojas Guardia propone recuperar “el paraíso” como una categoría ética, pero en minúsculas, que se pueda llevar en el bolsillo, que se pueda vivir y disfrutar en lo cotidiano. Afirma el diarista,  

“desde hace mucho tiempo me adhiero a las éticas eudomonológicas . Las éticas para las cuales la vida humana se caracteriza fundamentalmente por ser una búsqueda de la felicidad. Y, ¿qué es la felicidad? El bienestar espiritual, psíquico y corpóreo del hombre. La felicidad es un placer superior. Demócrito, los cirenaicos, Epicuro, Lucrecio, Montaigne, Spinoza, y, a su manera, Albert Camus  y Nietzsche son fundadores de una ética eudomonológica. Para este tipo de ética hay que lograr la realización, en nuestra vida, del paraíso, pero con minúsculas,  no el mitológico paraíso con mayúsculas”.

—   Postulas, entonces, un hedonismo, a pesar de los recurrentes ataques a esta corriente.

—   ARG: Bueno, yo creo en un hedonismo sensato. Es el de Epicuro y el de Spinoza. Epicuro plantea que hay tres tipos de placeres, el placer natural y necesario, como por ejemplo la comida, el vestido y el techo; el placer natural pero no necesario, que para él es la sexualidad y el placer ni natural, ni necesario, que es la búsqueda compulsiva del prestigio, de la fama, del honor. Para Epicuro hay que tratar de ceñirse al placer natural y necesario y desechar los otros. ¡Claro! Él no había leído a Freud (risas), decir que la sexualidad es un placer natural pero no necesario, hoy nos luce, por lo menos, inadecuado conceptualmente. Pero el hedonismo de Epicuro quiere, en última instancia, administrar el sufrimiento en función de la consecución de un placer sensato.

La valorización del cuerpo en el mundo moderno, la superación de la visión de éste como la cárcel alma y la proliferación de prótesis que expanden su alcance han hecho, según Rojas Guardia, que

“se revalorice el placer como un derecho humano inobjetable. El placer ya no es visto como una amenaza, como una seducción tentadora que nos extravía. Yo creo que esa visión moderna del cuerpo y el placer se conecta con lo mejor de la tradición bíblica. En el Evangelio no hay un solo versículo donde aparezca Cristo menospreciando el cuerpo, el mundo y el placer. Incluso, en el Evangelio de Juan hay un episodio, que a lo mejor no es histórico, pero tiene una gran eficacia simbólica,  según el cual el primer acto taumatúrgico de Cristo consistió en convertir el agua, destinada a los rituales de purificación, en vino, en el marco de una fiesta bodas. La consecuencia obvia de ese pasaje es que se termina la edad antropológica obsesionada por la mancha que  hay que erradicar a través del ritual del sacrificio y de la expiación. Allí empieza el momento del vino, que es el símbolo de la alegría, del gozo”.

Para Rojas Guardia, Cristo no fue un populista, no fue un demagogo, no propugnó una oclocracia (un gobierno de muchedumbre), “propone una soberana libertad ante el apego esclavizante hacia el amor propio”… Esa aseveración nos dona un Jesús contemporáneo, sin las deformaciones de las religiones y cultos. Inquirimos, ¿hay espacio en este momento para un Jesús en estado originario, previo al marketing de las religiones?

—   ARG: Yo creo que sí. Creo que la teología contemporánea, tanto protestante como católica, ha logrado resucitar la fisonomía más original del Jesús evangélico. Hay un gran teólogo católico, Hans Küng  ,  que afirma que es ahora , a finales del siglo XX y comienzos del XXI, que estamos en capacidad de captar lo más original y lo más auténtico del legado de Jesús. Porque nos hemos liberado de todas las trabas, de todos los bloqueos que en siglos anteriores nos desvirtuaban la frescura original de la figura de Jesús.

—   En los Diarios, sintetizas la plenitud que ahora vives bajo el signo de lo “reconciliado”. Aseveras que éstos quieren ser “la minuta de una inédita reconciliación conmigo mismo”. ¿Cómo fue ese trayecto reconciliatorio?

—   ARG: El deseo y el infinito revela la bitácora de una viaje. Un viaje desde el yugo de la culpa, desde la negación tanática  del deseo, desde la represión y el rechazo del placer hasta la liberación de la alegría. La alegría del que asume, corporalmente, el disfrute de la vida, de lo que llamo en el diario la bondad ontológica del mundo. Eso es algo que hay que afirmar, incluso Camus que era un ateo riguroso lo formuló lapidariamente, ‘el mundo es bello y fuera de él no hay salvación’. Él estaba afirmando la bondad ontológica del mundo. Yo creo, desde mi fe bíblica, que el mundo es bueno y el mundo es bello. En el primer capítulo del Génesis se lee ‘y vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno’ (1:31).

—   Cioran escribió en sus Cuadernos, “El fondo de la desesperación es la duda sobre uno mismo”; y Franz Kafka asegura que ”cuanto más tiempo se duda ante la puerta, más extraño se vuelve uno”... Los Diarios, ¿propician dudas o certezas?

—    ARG: Yo creo que la duda acompaña a toda conciencia moderna. No es casual que la filosofía moderna se abra con el “Discurso del método” de Descartes, que plantea la duda metódica. Yo escribí, a comienzos de los noventa, un librito que se llama “El Principio de Incertidumbre”, allí planteo que es necesario sumergirse en el talante existencial de la incertidumbre para acceder a la verdad. A mí me parece que la fe conoce, dentro de su dialéctica interna, el momento de la duda. Hay una frase en el Evangelio que a mí me impacta mucho, y que a Unamuno lo impactaba, ‘creo Señor, pero ayuda a mi incredulidad’ (Marcos 9:24). Esa especie de paradoja, creo que acompaña a toda conciencia adulta.

“Nos gobierna el pasado”

En los diarios hay al menos tres entradas que se detienen en la realidad actual de Venezuela. Hoy, al publicar esta entrevista, la sociedad civil cumplió 101 días de protesta activa en la calle contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro, que ha sido respondida, desde el régimen, con una violencia de Estado atroz, no sólo a los manifestantes (91 asesinados y 1400 heridos según Amnistía Internacional ), sino a personas inocentes que han sido atacadas en sus casas, en centros comerciales y hasta en clínicas privadas. Enfrentamos a “un gobierno inepto hasta la insensatez, que todos los días viola la legalidad democrática y que solo está sostenido por el poder militar desnudo” asevera ARG en los Diarios, quien se confiesa imposibilitado de abandonar Caracas, esta ciudad “caótica, pero nunca trivial”,  donde habita en una suerte de “des-tierro interior”.

“Al hablar de chavismo, como lo hacemos hoy, no caemos en la cuenta de que estamos, automáticamente, evidenciando un retroceso, una regresión histórica. Junto con el militarismo (ramplón, ignaro y hamponil) y el estatismo, este caudillismo entroniza un triángulo anacrónico. Nos gobierna el pasado”, página 173.

Al pedirle a Rojas Guardia que ampliara el alcance de la frase “nos gobierna el pasado”, afirmó sin dudar que “el chavismo es una resurrección del caudillismo. El caudillismo ha permeado buena parte de la historia republicana de Venezuela, quizá por ello Arturo Uslar Pietri dijo que las dos pasiones que mueven a Venezuela son el mesianismo y la igualdad. El mesianismo porque tendemos a esperar una figura carismática que nos redima y nos salve. Es una vieja tendencia de la psicología colectiva del venezolano. Desde el comienzo de nuestra vida republicana se fueron alternando el paecismo, el monaguismo, el crespismo, el guzmancismo, el gomecismo… No tenemos que repetirnos por siempre,  podemos tomar conciencia de esas tendencias nefastas de nuestra psicología y tratar de corregirlas”.


Tres rutas del diario

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  • “Al cosmos, deberíamos denominarlo más bien ‘c(aos)mos’, porque al diseño armónico implícito en la idea de lo cósmico es indispensable integrarle el impulso omnipresente de lo caótico”, p.84

  •  “Hace mucho tiempo que sé, basado en mi propia experiencia, que la paranoia funciona de manera semejante a una lupa: deforma la visión de los objetos al agrandarlos, pero al mismo tiempo nos hace distinguir detalles que sin ella nos pasarían desapercibidos”, p. 128.

  • “No soy un místico pero, como te decía, he procurado y procuro ser un hombre de oración. Esto es lo único que, en resumen, le pide Teresa a su lector: que se atreva a orar, venciendo la inercia, el prejuicio y la mera comodidad existencial”, p.141

Según Thomas Bernhard, “todos tenemos palabras que no se nos pueden decir”, al preguntarle a Rojas Guardia cuáles serían las suyas, sonrió, reflexionó unos segundos y luego indicó: “no hay palabras que no se me puedan decir. Yo asumo todo el espectro verbal y lingüístico con serenidad. No hay ninguna palabra que yo tache, que yo rechace, que yo reprima. Siempre que me dejen margen para el espíritu crítico, para procesar críticamente lo que me dicen, no hay palabra que yo rechace… En la adolescencia, me impactaba cuando alguien me llamaba ‘marico’, esa era una palabra que me indignaba y aterraba a la vez. Pero toda mi vida ha sido un trastocar el significado de esa palabra para darle un contenido benigno. Yo asumo hoy, placentera y creadoramente, que mi homosexualidad es el fruto de un esfuerzo por trastocar aquel viejo insulto en algo positivo”.

 

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