Soledad cívica
Escrito por Iván R. Méndez | @ivanxcaracas   
Jueves, 05 de Noviembre de 2009 23:59

altLos ciudadanos de las megaurbes latinoamericanas, en especial México DF, Sao Paulo y Caracas, vivimos bajo un terror cuasi ubicuo y constante, que nos mantiene bajo un estado que Jorge Volpi denomina, acertadamente,  “soledad cívica”.


Terror en la ciudad
Bajo el título Terror en la ciudad. Sobreviviendo a las urbes latinoamericanas del siglo XXI, Jorge Volpi (1968) dictó una amena conferencia  la noche de este jueves  05 de noviembre en los espacios del Centro de Arte Los Galpones, patrocinada por la siempre innovadora  Fundación para la Cultura Urbana.

Volpi es, para muchos lectores, el novelista más sólido de la última década en América Latina. Su trilogía sobre el siglo XX (En Busca de Klingsor,   El Fin de la Locura y No será mañana) abordan tópicos tan universales como el mal, la ciencia y el amor, pero en una clave narrativa tan brillante que sólo Los detectives salvajes (Roberto Bolaño) o Satanás (Mario Mendoza) logran escoltarla en ese firmamento, por lo menos es mi cuestionable juicio personal. Como ensayista, el tono de Volpi es otro y confieso que me ha costado avanzar en la lectura de El insomnio de Bolívar, pero Rafael Arráiz Lucca me aseguró que si supero la página quince el texto deviene en una propuesta interesante, no sólo para refrendar sino para disentir de la misma…Por otra parte, retomo un comentario que subí a Twitter durante la charla  y es que Jorge Volpi logró atraer a un público tan dispar (escritores, “intelectuales de brindis”, pensadores, políticos, periodistas y empresarios) como sólo se lo había visto a Boris Izaguirre, quien en una presentación de su libro Fetiches en el Museo de Bellas Artes, aglutinó a mises, escritores, artistas de televisión, académicos y curiosos.

Pero esta nota no va  sobre Volpi, sino sobre lo que él reflexionó en torno a nuestras ciudades. Sobre  el miedo que infunden en nosotros actores como los políticos, los policías, los jueces, los taxistas (en el DF mexicano, indicó Volpi, son los que secuestran a la gente en forma Express), las largas colas, la pobreza y, subrepticiamente, “los otros”. Éste último pavor  se evidenció en la clausura de Ciudad de México el pasado abril, cuando 24 millones de personas se encerraron para evitar contacto con los otros, que posiblemente portaban el virus de la gripe porcina, mexicana o H1N1, como finalmente fue rotulada. Este evento, que “parece extraído de una película de ciencia ficción, el miedo a un virus… Hace estragos en la imaginación, no solamente de los ciudadanos, sino también de las autoridades”. Volpi rastrea ese miedo hasta el terremoto que sacudió a México en 1985 y que marcó la parálisis del gobierno “priísta”, pues ni el presidente ni el alcalde de la ciudad dieron la cara durante varias horas. Así, para combatir esa parálisis, el presidente actual, Felipe Calderón, hizo lo contrario, sobre reaccionó y tomó la medida extrema de encerrar a los habitantes de la ciudad, de prohibir las aglomeraciones, pues en esos días “estornudar en la Ciudad de México era como ser terrorista en Estados Unidos”.

2030
Para el 2030, indicó Volpi, se espera que el 84.6% de la población Latinoamericana sea urbana, estadística terrible si se toma en consideración que esta región tiene el índice más alto  de desigualdades entre ricos y pobres. A su vez, aquí el 66% de los pobres vive en zonas urbanas. Es, según el escritor, una “industria del miedo”, y cita a García Canclini al sugerir que la ciudad es también el espacio imaginario que los ciudadanos construyen en torno a la urbe real, “en nuestra época ese espacio imaginario está lleno de obstáculos, también es el espacio del terror y del miedo”, aseveró. Sobre esa inequidad se levantan ciudades escindidas que no se miran a sí mismas y donde los ciudadanos portan una doble ciudadanía, habitantes de una ciudad legal (donde se puede ir) y una ilegal (donde no deberíamos ir: ciudades nuevas: villas miseria, pueblos jóvenes tugurios, ciudades perdidas, favelas, ranchitos); ciudades “Jeckyll y Hyde” donde los habitantes de una porción no se sienten cómodos traspasando el umbral de la otra.

Los ciudadanos, asegura Volpi,  vivimos bajo una soledad cívica, que es el miedo central en la contemporaneidad y que define como “la sensación de haber sido abandonados por todos, nadie nos protege, desconfiamos de los políticos, desconfiamos del sistema de justicia, desconfiamos de la policía, desconfiamos profundamente de nuestros ‘representantes’ en las asambleas y congresos… Hay una enorme sensación de soledad, el ciudadano abandonado a su propia vida cotidiana, sin ser protegido por nadie. Ésta se agrega a la soledad propia de  las grandes ciudades”.

Cómo sobrevivir
En las megaurbes sobreviven los que se adaptan mejor a los medios hostiles. Pero, sugiere el escritor, hay que buscar la forma de superar “esa sensación terrible de tener que subsistir en la ciudad, de tener que hacer todo para lograr esos mínimos márgenes de satisfacción y de felicidad”, que terminan saboteando la necesidad de exigir los cambios que permitirían erradicar esa necesidad de sobrevivir,  que permitirían tener vidas relativamente más relajadas. Volpi enumeró algunos de los cambios necesarios:  reformas urbanísticas, pero no las que segregan a ricos y pobres, sino que las que crean mínimos espacios de convivencia (cita el caso de Medellín como ejemplo de que no todo debe ir para mal en América Latina). Hay que exigir políticas sociales que atenúen las desigualdades; hay que modificar las formas en que se educan a los ciudadanos,  orientarlos a la solidaridad (sugiere quitarle el término a la izquierda radical); hay que trabajar el transporte público como una forma de comunicar mejor a las ciudades y que permitan un tránsito menor de automóviles, que dañan su geografía . En el caso de la droga, indicó convencido  que “mientras la oferta de droga no disminuya continuará el tráfico y por lo tanto la violencia asociada a ésta. Sólo la discusión real de políticas de legalización de ciertas drogas puede salvar este escoyo. Pero sabemos que esto es utópico mientras Estados Unidos, en particular, que tiene una política de salud pública que deriva de una moral pública de prohibición, no lo haga”. Finalmente, nuestras nuevas democracias necesitan construir instituciones que limiten el poder de los gobernantes (¿guiño final a Popper?), que los vigilen y controlen, por más popular que sean, por más que sean “Chávez o Uribe”, agregó.

altEpílogo: Contra la “soledad cívica”
Al salir del evento no encontré taxi ni Metrobus en la avenida Sucre de Los Dos Caminos. Entonces experimenté un “terror”, que  hacía minutos era teórico, ante la perspectiva de bajar andando poco más de un kilómetro por esa oscura vía. No obstante, decidí caminar y al llegar al Millenium Mall me detuve en la plaza abierta que rodea el complejo. En ésta, patineteros, malabaristas y patinadores  ensayaban  acrobacias… Al rato, abordé el Metro con varios de ellos, vestidos con ropa ancha, gorras ladeadas y zapatos Vans o Nike sin amarrar. Cansados y alegres se iban despidiendo en cada estación en esa ruta que va del Este (clases A,B,C+) al Oeste (clases C, D y E)… En ellos, por lo menos eso intuí al verlos, existe un claro sendero de reinvención y adaptación, pues a pesar de vivir bajo una constante hostilidad (de las instituciones públicas, de las fuerzas de seguridad, de los hampones, de la inflación, de la carencia de servicios), persisten en agruparse temáticamente y así   combatir la “soledad cívica”, no sólo apropiándose de la  ciudad, sino acompañándose, jugando y, posiblemente, bordeando momentos de felicidad.


(*): Blog de Jorge Volpi: http://www.elboomeran.com/blog/12/jorge-volpi/
















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