Todo está podrido
Escrito por Pablo Aure | @pabloaure   
Lunes, 05 de Julio de 2010 09:16

altLos que hoy hablan de constituyente universitaria son los mismos que ayer quemaban autobuses a las puertas de la Universidad Central de Venezuela, o lanzaban bombas molotov contra policías y civiles que contradijeran sus reclamos. Esos a quienes todo lo que hacían los gobiernos de la IV república les parecía malo, hoy son cómplices de las vagabunderías del actual régimen.

Valdría la pena imaginarse qué hubiera pasado si a Caldera, a Lusinchi, o a cualquiera de los gobiernos que precedieron al actual, se le hubiese podrido la millonada de kilogramos de alimentos que se perdieron en Pdval. Cuántos autobuses hubiera quemado Elías Jaua o Jorge Rodríguez. Quién sabe si hasta toda la flotilla nacional. Ellos protestaban de esa manera. Eran enérgicos a la hora de hacer sus reclamos. Pero hoy, en una suerte de alcahuetería, callan o inclusive, suelen aplaudir las atrocidades de Hugo Rafael.

Detrás de estos revolucionarios de pacotilla no existe sino el fantasma del resentimiento, del odio, de la amargura, de la demagogia y de la mentira.

No tengo dudas de que en la mal llamada cuarta república se cometieron muchos desafueros, pero jamás se sembró el odio. Me atrevo a decir que los gobiernos que se alternaban el mando eran más severos entre ellos mismos que contra los “cabeza calientes” de aquella época. Los comunistas o los izquierdistas que eran profesores o estudiantes de las universidades públicas y autónomas durante el “puntofijismo” no eran estigmatizados. Al contrario, sus compañeros de aula o de universidad, sin distingo de colores o ideología, les tenían consideración extrema, los escondían, los apoyaban y protegían para evitar que la Digepol o la Disip los capturaran. Había compañerismo.

El pecado de disentir

En la Venezuela de Chávez es considerado pecado y desde luego, delito de lesa patria protestar contra las atrocidades del gobierno. Son doce años de aplausos venales. ¡Por Dios qué ha ocurrido! Los valores del compañerismo y la solidaridad se han ido perdiendo.

Los que hoy piden constituyentes en las universidades fueron los mismos que tuvieron el manto protector de ellas; muchos se marcharon a Europa o Norteamérica para realizar estudios de postgrado, paradójicamente becados, a todo dar, por los gobiernos que ellos combatían. Me gustaría saber cuántos profesores universitarios pudieran obtener una beca para cursar estudios en el exterior si por casualidad el gobierno se entera que no comparten los lineamientos de esta corruptela vestida de rojo. Ninguno. ¡Qué riñones este régimen hablando de exclusión, siendo el más excluyente que cualquier otro de los que han pasado!

Don gato y su pandilla

El Nacional de ayer abrió con el titular: “72% cree que Chávez no investiga la comida podrida”. Esa noticia fue extraída del estudio realizado por Hinterlaces que demostró que ese porcentaje de venezolanos cree que el Presidente no está haciendo lo necesario para sancionar a los responsables de la pérdida de las 120000 toneladas de alimentos importados por Pdval.

Bueno, en realidad no era necesario hacer ese estudio para inferir que Chávez en lugar de procurar sancionar a los responsables -pues él sería uno de los afectados de manera directa- tratará de echarle tierrita al tema de Pdval y su pudrición. Ya se le ocurrió cambiarle el nombre: ha pensado transferirle la encomienda de garantizar la “soberanía alimentaria” a la Corporación Venezolana de Alimentos (CVAL) para que más nunca se mencione la porquería que manejaba Pdval. Desde ahora en adelante todo funcionará. Era el nombre que podría los alimentos. ¡Vaya mente! la de esta gente: ¡creen que escondiendo la basura todo se arreglará! Así hace el gato: le echa tierra a sus defecaciones para ocultarlas. El régimen en lugar de sustituir a sus colaboradores cuando ponen la torta, prefiere cambiarles la encomienda. Por eso hemos visto a lo largo de esta desventura revolucionaria a los mismos funcionarios moverse cuales fichas de ajedrez, de un lado a otro.

Volviendo al tema de la comida podrida, el cual no podemos abandonar, porque quizá de todos los delitos que el chavismo ha cometido en estos once años (que son muchísimos), este ha sido el más perverso. Dejar que se pudrieran miles de millones de platos de comida es algo muy cruel. Con esos alimentos se hubiesen podido surtir todas las escuelas, hospitales, universidades, asilos, y demás establecimientos públicos del país por bastante tiempo.

En cualquier país, democrático o comunista, a los responsables de un acto como el cometido por Pdval se les castigaría rigurosamente. Aquí no. Aquí se señalan a unos chivos expiatorios y se les encarcela hasta que pase el escándalo. Quién se va a comer el cuento que los culpables son únicamente los que hasta ahora la fiscalía ha imputado ya sabemos que los verdaderos capos de la comida podrida siguen libres de toda culpa, y casi seguro continúan haciendo negocios en esta “revolución bonita”.

Sentencia cantada

“Yo voy a esperar un tiempo, a ver si aparecen los dueños de Globovisión. Habrá que pensar qué va a pasar con ese canal, porque los dueños andan huyendo, huyendo de la justicia”. Eso lo dijo Hugo Chávez el viernes 2 de julio en cadena nacional, y acto seguido dejó caer esta perlita: “parece que el Estado va a tener que recuperar las acciones de Globovisión en pago a este platal que se están llevando sus dueños” aquí no hay que ser prestidigitador para saber lo que el presidente se trae entre manos. No puede recurrir a la trampa de revocatoria de la concesión como hizo con Radio Caracas Televisión porque los tiempos no le dan; presiona por otras partes. Inventan delitos para perseguir a sus dueños y de ese modo hacerse de las acciones. La verdad es que son bárbaros. La mafia rusa se queda en pañales ante las ocurrencias del régimen.

Y por desgracia ni Guillermo Zuloaga ni Nelson Mezerhane tienen dónde acudir en el orden interno para defender sus derechos porque aquí todo está podrido. Sólo es cuestión de tiempo para que el régimen le dé el sablazo a Globovisión como lo ha hecho con muchas empresas.

Por cierto para los que me escriben preguntando qué debemos hacer para impedir que el régimen siga avanzando en sus locuras; siempre he pensado: la calle es la única vía. Entiéndase bien, no llamo a la rebelión, lo que sugiero es hacernos respetar recurriendo al artículo 68 constitucional: “Los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a manifestar, pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley”.

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