El componente social de la educación
Escrito por José Gerardo Guarisma   
Sábado, 12 de Diciembre de 2009 07:27

altSi bien es cierto que la educación prepara y forma al hombre como un elemento útil a la sociedad, no es menos cierto que tambien debe formar a la sociedad para que le sea útil al hombre. Y allí es donde debemos hacer real énfasis en el sentido social de la educación, con mucho mayor interés que antes, en tanto que han aumentado las necesidades colectivas y con ellas sus problemas.

De alguna manera, la educación es la gran maestra que sirve para hacer público un problema que en la sociedad mantenemos en privado. La paradoja radica en que a pesar de estar a la vista de todos, no lo resolvemos, con lo cual lo mantenemos con cierta aureola de intocabilidad, de algo inefable, de algo que no podemos corregir porque se encuentra fuera de nuestro alcance. Esa es la imagen tradicional que tenemos del conocimiento no aplicado, del conocimiento que creemos inservible tras aquello de que "¿Y cuándo lo utilizamos?", "¿Y para qué veo tanta Matemática?", "¿Y para qué estudio lengua si voy a ser ingeniero? ¿Y para qué voy a ver Física si voy a ser ingeniero de Sistemas? ¿Y para qué me sirve ver historia si eso ya pasó? Y así, por ese orden, vamos restringiendo el área de conocimiento desconectando al individuo de la realidad en la que actúa como ente social. Los individuos que así se expresan pudieran realmente ser muy instruidos en sus áreas específicas de conocimiento, pero probablemente sean grandes ignorantes y paseen sus títulos profesionales dando muestras reales de ser analfabetas funcionales crónicos.

¿Dónde se encuentra entonces la falta de "densidad" en este tipo de profesional? Justamente en la poca valoración que le concede a sus estudios generales, aquellos que le permiten interactuar adecuadamente con el entorno donde se encuentra, y cuyos principios debe aplicar con mayor frecuencia y sapiencia que aquellos estimados como específicos.

Y esto me retrotrae a la enseñanza de los grandes maestros que tuvo nuestro país a lo largo y ancho de toda su geografía en los años treinta y cuarenta, discípulos a su vez de esos docentes heroicos de comienzos de siglo XX, de quienes heredaron vocación y capacidad de servicio. Ellos crearon una sociedad que a pesar de sus carencias y necesidades, utilizaba la cortesía y las buenas costumbres para dirimir cualquier controversia, por muy álgida que esta fuera. Se podían confrontar las posiciones, pero se respetaba a la persona. Eran considerados el buen hablar, el buen escribir, la expresión tenía su momento y su lugar, el reclamo su oportunidad sin agresión, el saludo su discreción y mesura. Se vivía y practicaba la cultura del respeto. A eso se le llamaba educación, y al conocimiento instrucción.

Por supuesto, los tiempos cambian. Pero el ser humano y la sociedad deberían mantener lo positivo que han podido sumar en el transcurso de los años, en lo que podríamos llamar como evolución educativa. Nuestros estudiantes, profesores y egresados deben entender, que el compromiso del conocimiento en acción social, no termina cuando nos graduamos, cuando estudiamos, cuando enseñamos, cuando trabajamos con las herramientas que consideramos "prácticas" y no teóricas. También la teoría tiene su práctica, pero debemos ensayarla en nuestra acción. De eso depende la demostración de la naturaleza integral de nuestro conocimiento.

(*): Rector de la Universidad Bicentenaria de Aragua
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