En la Universidad Simón Bolívar
Escrito por Guillermo Morón   
Martes, 08 de Diciembre de 2009 06:50

altCinco minutos, ciertamente, son suficientes para expresar mi agradecimiento a la Asociación de Profesores de esta ilustre e ilustrada Casa de Estudios, a mi Universidad Simón Bolívar en cuyas aulas, patios y jardines pasé alegremente muchos años en la edad que los griegos clásicos consideraban su esplendor, la mitad del camino.

En los nombres de la profesora Carol Leal y del profesor Oscar González, puedo dejar esa gratitud como ofrenda permanente de afecto y admiración a todas ellas y a todos ellos, los Maestros y las Maestras que mantienen en alto las nobles banderas universitarias en la Asociación de Profesores dirigida con tan buen pulso por el Profesor Rafael Álvarez, que me ha concedido el Premio Simón Bolívar. Este nombre de la grandeza histórica del pueblo venezolano, que le da prestancia a los Estudios aquí firmemente afianzados para hoy y para el porvenir, se mantendrá, como hasta hoy, sin que pueda alcanzar su cometido ninguna de las ignominias que se han inventado y se inventan para atraer su nombre al servicio pasajero del Poder que ultraja la historia de los venezolanos. Menos mal que ya Pablo Neruda avizoró en su Canto a Bolívar, “Yo conocí a Bolívar una mañana larga”, y escuchó su anuncio: “Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”. Habrá que esperar, tal vez, al 2030. Yo no estaré para verlo, pero los bravos estudiantes se ocuparán de seguirlo en la tarea de consolidar el Estado de Derecho en democracia que es la libertad.

A esta Universidad me trajo el Rector Ernesto Mayz Vallenilla. Menciono con admiración, con respeto y afecto su nombre. Su obra pedagógica ha sido consolidada por sus sucesores en algarabía con los muchos profesores y estudiantes que han hecho y hacen vida en los saberes que aquí son el pan de cada día. La obra de Ernesto Mayz Vallenilla forma parte sustantiva de la Filosofía Contemporánea, original en nuestra lengua y original en los idiomas que han acogido su pensamiento bien expresado en los libros publicados y en los que habrán de publicarse algún día. Lo acompañé, ya retirados de los quehaceres pedagógicos diarios en la tarea que se proponía con fervor: preparar sus Obras Completas, las editadas y las mayores inéditas, como el
Diario asombroso e iluminador que escribió durante años en vigilia y sabiduría. Hasta el formato, el papel, la letra de imprenta, los costos, los amigos, un proyecto que debe estar en el Archivo Mayz Vallenilla de su Universidad. En 1982 se editaron los únicos dos tomos de una Biblioteca de la Antigüedad Clásica cuyo proyecto me aceptó el Rector y las demás autoridades. El latinista Ángel Capelletti tradujo a Cicerón. El helenista Blas Bruni Celli formó parte del equipo. No se dio aquella ilusión. Pero quedó claro que no hay Universidad sin Filosofía, sin Humanidades. La Ciencia, la Tecnología, la Técnica —como lo sostiene en la teoría y en la práctica esta universidad— se afianzan en la universitas. Ya lo probó Ernesto Mayz Vallenilla largamente en esta Casa de Estudios ligada por la historia a la antigua tarea de enseñar los saberes para consolidar el presente y el porvenir con la búsqueda y aplicación del conocimiento.

Los presidentes y jefes de Estado Iberoamericanos, menos los que mas necesitados están, se reunieron en El Estoril donde hablarían sobre Innovación y Conocimiento, esos dos puntos cardinales para enderezar el camino histórico de nuestros pueblos que hablan español y portugués. Pero no pudieron cumplir con el cometido. Las honduras del Poder los desvió hacia laberintos de otra naturaleza. Innovación y conocimiento es lo que, todos los días, en forma inteligente, sin descanso, se busca en las aulas, laboratorios, bibliotecas y preocupaciones de esta Universidad y las otras autónomas, libres para la investigación, el ordenamiento de las cátedras y el ejercicio de la ciencia, de la tecnología, de la técnica y del pensamiento aplicado y ordenado. La libertad es lo que ha permitido y permitirá a nuestra Universidad, a esta y a todas, labrar la Innovación y el Conocimiento de esta Era que comienza porque continúa. No hay descanso en la Historia.

Hace mucho tiempo que el objeto, el fin, el destino de esta universidad fue claramente definido. En la Ley de Leyes, en la Constitución que estuvo vigente en Los Reinos de las Indias, en la Venezuela del Estado de Derecho Monárquico desde 1528 hasta 1821, se encuentra ese ordenamiento. La Ley 1, título XXXI, Segunda Partida, se refiere a Que cosa es estudio, y cuantas maneras son de él, y por cuyo mandato debe ser hecho.

Esta es la definición incólume en el tiempo desde cuando, a mediados del siglo XIII, la redactó y puso en vigencia el Rey Don Alfonso X, El Sabio, en castellano, el idioma de nuestra Universidad: “Estudio es el ayuntamiento de maestros y de escolares que es hecho en algún lugar con la voluntad y entendimiento de aprender los saberes”. El lugar se llama Sartenejas. Y aquí están los maestros y los escolares con la voluntad de aprender los saberes, los antiguos, los actuales y los del futuro, el conocimiento y la innovación.

A toda mi universidad, a esta vigorosa Asociación de Profesores, a los estudiantes, señal y marca de los saberes con libertad, Feliz Año y Próspero Año Nuevo, si Dios quiere.



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