Antony Blinken: "Esta pandemia no terminará en el país hasta que termine en todo el mundo"
Escrito por Fuente Externa   
Martes, 06 de Abril de 2021 10:43
 altDesde que los Estados Unidos registraron su primera muerte por COVID-19 en febrero de 2020, más de 550 mil estadounidenses han muerto en la pandemia.

Más de 30 millones de estadounidenses se han infectado. Millones de estadounidenses perdieron a sus seres queridos, a menudo sin tener la oportunidad de despedirse.

Nadie ha sido inmune al virus. Ha afectado especialmente a las personas de color, devastando comunidades y profundizando las divisiones raciales y económicas de nuestro país.

Y el enorme número de muertes e impactos en la salud por COVID-19 ha ido acompañado de sus consecuencias económicas y sociales. Han cerrado restaurantes, bares, cines, muchos de forma permanente. Millones de niños se quedaron en casa sin asistir físicamente a la escuela, perdiendo un valioso tiempo en el salón de clases. Y millones de mujeres abandonaron la fuerza laboral para cuidar de sus hijos o de sus padres ancianos.

Por todos estos motivos, detener COVID-19 es la prioridad número uno del gobierno Biden-Harris. De lo contrario, el coronavirus seguirá circulando en nuestras comunidades, amenazando la vida y el sustento de las personas y frenando nuestra economía. No podremos recuperarnos por completo, y mucho menos construir el futuro mejor que se merece el pueblo estadounidense, hasta que termine la pandemia.

Desde el primer día, el gobierno ha dirigido una vigorosa y amplia ofensiva para vacunar a la mayor cantidad de estadounidenses lo más rápido posible. El Presidente Biden estableció un objetivo de 100 millones de vacunas en 100 días. Alcanzamos ese objetivo el día 58. Ahora estamos persiguiendo nuestro nuevo objetivo de 200 millones de vacunas en 100 días. El gobierno se está moviendo rápidamente para abrir nuevos centros de vacunación en todo el país, de modo que el 90 por ciento de los estadounidenses vivan a menos de cinco millas de uno para el 19 de abril. Eso es dentro de dos semanas.

Mientras tanto, hemos estado produciendo vacunas a un ritmo rápido. Para finales de mayo, tendremos suficiente suministro de vacunas para todos los adultos en los Estados Unidos. Y hasta ahora, las noticias sobre la eficacia de las vacunas han sido muy tranquilizadoras.

El pueblo estadounidense puede tener esperanza y sentirse orgulloso por el hecho de que estamos logrando un gran progreso contra el virus en el país. Es un mérito para nuestros trabajadores de la salud, nuestros científicos, nuestro gobierno.

Aún así, todavía no estamos en la línea de meta. No podemos darnos el lujo de relajarnos. Este es el momento para que los estadounidenses sigan usando mascarillas y el distanciamiento social, y se vacunen cuando sea su turno. Háganlo por ustedes mismos, por sus familias, por sus vecinos y por las personas que quizás nunca conocerán pero cuyas vidas podrían salvar a través de sus acciones.

Hay otro elemento importante para detener el COVID, y de eso queremos hablar hoy.

Esta pandemia no terminará en el país hasta que termine en todo el mundo.

Y quiero dedicar un minuto a esto, porque es fundamental entenderlo. Incluso si vacunáramos a los 332 millones de personas en los Estados Unidos mañana, todavía no estaríamos completamente a salvo del virus, no mientras aún se esté replicando en todo el mundo y convirtiéndose en nuevas variantes que fácilmente podrían venir aquí y propagarse nuevamente por nuestras comunidades. Y no si queremos reabrir por completo nuestra economía o empezar a viajar de nuevo. Además, si las economías de otros países no se están recuperando porque todavía están afectadas por COVID, eso también afectará nuestra recuperación.

El mundo tiene que unirse para poner fin a la pandemia de COVID en todas partes. Y para que eso suceda, los Estados Unidos deben actuar y debemos liderar.

No hay país en la Tierra que pueda hacer lo que nosotros podemos hacer, tanto en términos de desarrollar vacunas innovadoras como de reunir a gobiernos, empresas e instituciones internacionales para organizar el esfuerzo masivo y sostenido de salud pública que se necesitará para poner fin por completo a la pandemia. Esta será una operación global sin precedentes, que involucrará logística, financiamiento, gestión de la cadena de suministro, fabricación y coordinación con los trabajadores de salud comunitarios que se encargan de la última milla vital de la prestación de atención médica. Todo eso requerirá una diplomacia intensiva.

El mundo nunca antes había hecho algo así. Este es un momento que requiere liderazgo estadounidense.

Ahora bien, el enfoque principal del gobierno Biden-Harris hasta la fecha ha sido vacunar a los estadounidenses, para desacelerar y, en última instancia, detener COVID aquí en el país. En el Departamento de Estado nos hemos centrado en vacunar a nuestra fuerza laboral en los Estados Unidos y en las embajadas y consulados de todo el mundo. Esa ha sido la decisión correcta. Ante todo servimos al pueblo estadounidense. Además, no podemos olvidar que los Estados Unidos han tenido el mayor número de casos de COVID que cualquier otro país del mundo por un margen significativo. Así que detener la propagación aquí es una necesidad urgente para nuestro pueblo y para el mundo. Tenemos el deber para con los demás países de controlar el virus aquí en los Estados Unidos.

Pero pronto, los Estados Unidos tendrán que intensificar su trabajo y estar a la altura de las circunstancias en todo el mundo, porque una vez más, solo al detener el COVID a nivel mundial, estarán seguros los estadounidenses a largo plazo.

Además, queremos estar a la altura de las circunstancias para el mundo. Al ayudar a poner fin a una de las pandemias más mortíferas de la historia de la humanidad, podremos mostrar al mundo una vez más lo que el liderazgo y el ingenio estadounidenses pueden hacer. Hagamos que esa sea la historia del final del COVID-19.

Ya hemos dado algunos pasos importantes.

El primer día del gobierno, nos reincorporamos a la Organización Mundial de la Salud. Al estar en la mesa, podremos impulsar reformas para poder prevenir, detectar y responder rápidamente a la próxima amenaza biológica.

El Congreso otorgó recientemente más de US$ 11 mil millones para la respuesta global de Estados Unidos al COVID, que usaremos de varias maneras, incluso para salvar vidas al apoyar un acceso amplio y equitativo a las vacunas; proporcionar ayuda para mitigar los impactos secundarios de COVID, como el hambre; y ayudar a los países a mejorar su preparación para una pandemia.

Me gustaría señalar que esto se basa en una larga tradición de liderazgo estadounidense. Los Estados Unidos son, con mucho, el mayor donante mundial para la salud mundial, incluso a través de esfuerzos internacionales como el Fondo Mundial y la Organización Mundial de la Salud, y a través de nuestros propios programas sobresalientes de salud mundial, como PEPFAR, que ha ayudado a llevar al mundo a la cúspide de la primera generación libre de SIDA.

También hicimos una donación de US$2 mil millones al programa COVAX, que suministrará vacunas COVID a países de ingresos bajos y medios. Hemos prometido otros US$2 mil millones que proporcionaremos a medida que otros países cumplan sus propias promesas.

Ya hemos prestado vacunas a nuestros vecinos más cercanos, México y Canadá.

Y trabajaremos con colaboradores globales en la fabricación y los suministros para garantizar que haya suficientes vacunas para todos, en todas partes.

A medida que tengamos más confianza en nuestro suministro de vacunas aquí en el país, exploraremos opciones para compartir más vacunas con otros países de ahora en adelante.

Creemos que estaremos en condiciones de hacer mucho más en este frente.

Sé que muchos países están pidiendo que los Estados Unidos hagan más, algunos con creciente desesperación debido al alcance y la escala de sus emergencias de COVID. Los entendemos. Y prometo que nos estamos moviendo lo más rápido posible.

Nos guiaremos en cada paso por los valores fundamentales.

No cambiaremos vacunas por favores políticos. Se trata de salvar vidas.

Trataremos a nuestros países socios con respeto; no prometeremos en exceso ni entregaremos menos de lo prometido.

Mantendremos altos estándares para las vacunas que ayudamos a llevar a otros, solo distribuiremos aquellas que se ha demostrado que son seguras y eficaces.

Insistiremos en un enfoque basado en la equidad. COVID ya ha sido muy duro con las personas vulnerables y marginadas. No podemos permitir que nuestra respuesta al COVID termine empeorando la desigualdad racial y de género.

Adoptaremos la asociación, compartiremos la carga y combinaremos fortalezas. La colaboración que formamos hace unas semanas con los países del Quad (India, Japón, Australia) es un buen ejemplo. Juntos, estamos aumentando la capacidad de fabricación mundial para que podamos repartir más vacunas y vacunar a la gente lo más rápido posible.

Y, por cierto, uno de los motivos por los que trabajamos a través de colaboraciones multilaterales siempre que sea posible es porque a menudo comparten y defienden estos mismos valores. Por ejemplo, la iniciativa COVAX está diseñada explícitamente para garantizar que los países de ingresos bajos y medios también puedan recibir vacunas, porque solo a través de una vacunación amplia y equitativa podremos acabar con la pandemia.

Por último, abordaremos la emergencia actual y, al mismo tiempo, consideraremos el largo plazo. No podemos simplemente acabar con esta pandemia. También debemos preparar mejor a nuestro país y al mundo para la siguiente.

Para lograrlo, trabajaremos con socios para reformar y fortalecer las instituciones y los sistemas que protegen la seguridad de la salud mundial. Eso requerirá que los países se comprometan con la transparencia, el intercambio de información y el acceso de expertos internacionales en tiempo real. Necesitaremos un enfoque sostenible para el financiamiento, la capacidad para manejar el aumento de capacidad y la rendición de cuentas, para que todos los países puedan actuar rápidamente para detener el próximo brote. Y seguiremos presionando para que se lleve a cabo una investigación completa y transparente sobre los orígenes de esta epidemia, para saber qué sucedió, para que no vuelva a suceder.

En total, este trabajo es una pieza clave de la agenda “Build Back Better” (“Reconstruir mejor”) del Presidente Biden. Tenemos que asegurarnos de que podamos detectar mejor, prevenir mejor, estar mejor preparados y responder mejor a futuras pandemias y otras amenazas biológicas. De lo contrario, nos defraudaremos gravemente a nosotros mismos y a las generaciones futuras.

Este es un momento crucial, un momento para que pensemos a lo grande y actuemos con valentía. Y los Estados Unidos estarán a la altura del desafío.

Estoy aquí hoy con una líder extraordinaria que nos ayudará a hacer precisamente eso.

Gayle Smith fue administradora de USAID con el Presidente Obama y sirvió en el Consejo de Seguridad Nacional tanto para el Presidente Obama como para el Presidente Clinton, donde nos conocimos y trabajamos juntos por primera vez. Tiene una amplia experiencia en la respuesta a amenazas para la salud pública, habiendo ayudado a liderar la respuesta de los Estados Unidos a la crisis del ébola en 2014 y habiendo trabajado durante años en la lucha mundial contra la malaria, la tuberculosis y el VIH/SIDA. Se une a nosotros desde su cargo más reciente como presidenta y directora ejecutiva de ONE Campaign, que lucha contra la pobreza extrema y las enfermedades prevenibles, principalmente en África.

Ha pasado las pruebas. Es muy respetada. Sabe lo que hace. Y puedo decir, por haber trabajado con Gayle y admirarla durante años, que nadie trabajará más duro, más rápido o más eficazmente para llevarnos a la línea de meta.

Estoy agradecido de que haya aceptado servir como coordinadora de la respuesta global al COVID y la seguridad de la salud. Gayle Smith, le paso la palabra. Gracias por hacer esto.

SRA. SMITH: Gracias, Sr. Secretario. Es un placer poder trabajar nuevamente con usted y llamarlo Sr. Secretario.

También me gustaría agradecer a mis amigos de ONE Campaign por hacer esto posible. Y espero trabajar con los hombres y mujeres del Departamento de Estado y de todo el gobierno federal, porque sé lo que pueden lograr.

Quiero agradecer en particular a algunos científicos realmente inteligentes, al Presidente Biden y al personal y voluntarios de la Howard University, donde mañana recibiré mi segunda dosis de la vacuna contra el COVID.

Esa vacuna es buena para el cuerpo, pero también es buena para la mente y el alma, porque inspira esperanza en el futuro. Y nuestro trabajo es dar forma a ese futuro.

Luché contra algunos virus en el pasado y he aprendido dos lecciones. La primera es que si el virus se mueve más rápido que nosotros, está ganando. La segunda es que con unidad de propósito, ciencia, vigilancia y liderazgo, podemos superar a cualquier virus.

Estados Unidos lo ha hecho antes. Hace dieciocho años, un presidente republicano lanzó una iniciativa audaz para enfrentar la epidemia del VIH/SIDA. Un presidente demócrata continuó ampliando el alcance de esa misión. En 2014, el gobierno Obama-Biden, con el fuerte y generoso apoyo del Congreso, derrotó la primera epidemia de ébola en el mundo.

Nuestros desafíos ahora son dos: primero, acortar la vida útil de una pandemia sin fronteras que está destruyendo vidas y medios de subsistencia en todo el mundo, y el segundo es garantizar que podamos prevenir, detectar y responder a esas futuras amenazas para la salud mundial que sabemos están viniendo.

Se necesita desesperadamente el liderazgo estadounidense y estoy muy segura de que podemos estar a la altura de las circunstancias. Me siento honrada de estar aquí y muchas, muchas gracias.

Fuente: Departamento de Estado de los Estados Unidos


blog comments powered by Disqus
 
OpinionyNoticias.com no se hace responsable por las aseveraciones que realicen nuestros columnistas en los artículos de opinión.
Estos conceptos son de la exclusiva responsabilidad del autor.


Videos



opiniónynoticias.com