Una grande mancha de la USB ante las elecciones rectorales
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Jueves, 26 de Noviembre de 2020 00:00

altEl Consejo Directivo de la Universidad Simón Bolívar aprobó un documento en el que se señala literalmente que se debe partir de acoger

la sentencia 047 del Tribunal Supremo de Justicia de este año. Para recoger el papagayo, o hacer que lo recogen, algunos consejeros señalan ahora que eso es una especie de papel de trabajo y no lo que es: un texto oficial sometido a votación, con votos salvados (el mío, el del otro representante profesoral, Pedro Paiva, y el del representante de los estudiantes, además de una abstención) y aprobación. 

Este miércoles se volvió a reunir el consejo. Unos cuestionaron que diera a la luz pública la información (secreta para varios, como si fuéramos militares o trabajadores de la CIA), se negaron a anular el escrito anterior de acogida a la infame sentencia, como solicitamos y procedieron a aprobar otro papel de trabajo sobre el tema. Lleno este último de contradicciones. Aspiran, además, que los papeles acogidos por la mayoría sean tratados como un secreto sumarial. 

Desde luego que urgen hace mucho las elecciones rectorales y de representación. Nadie se ha atrevido a hacerlas, solos ni en conjunto, en atención a la Autonomía Universitaria y la libertad (entre otras razones porque no las hay). Así debía ser para hacer la efectiva contra al despotismo. Pero el miedo prevalece. Tal vez la preservación del pellejo sea prioridad infinita. La USB, es cierto, posee las peores condiciones para la continuidad de la gestión rectoral: con un interventor de Vicerrector Académico, con un rector decaído en sus condiciones físicas, con este marasmo generalizado. Pero también en este caso el apuro dejará sólo cansancio. 

Ese cansancio se nota en el secretario de la universidad, Cristian Puig, quien con todo sacrificio ha llevado, desde que fue electo, seriamente su responsabilidad y ahora puja, junto con otros pocos, y tal vez con muy buena fe, por forzar la barra electoral nada menos que buscando imponer por arriba y de manera soterrada (sin que nadie más dentro ni fuera de la universidad lo sepa antes) la aplicación de la miserable sentencia repudiada en todo el ámbito académico venezolano, y más: por toda la sociedad democrática del país. 

Digo algo: como universitario aconsejo a mis alumnos no callar su pensamiento. Mal haría en no aplicar esta máxima. Las universidades, los estudiosos que deben ser guías, brindan terrible ejemplo a la sociedad sustrayéndose, silenciándose, haciéndose los neutros sabiéndose favorecedores. Repudio y repudiaré la sentencia. Repudio y repudiaré el llamado a aplicarla. Del mismo modo que repudio el llamado oficial a actividades que hace mi universidad, y otras (¿Todas?) a costa del sacrificio humano, de la lesión personal y familiar de los profesores, de la vida. Seguiremos en conflicto por la defensa institucional y por la defensa de los derechos humanos y laborales en las universidades. La sentencia contará siempre con mi palabra en contra, con mi accionar en contra. El atropello a los derechos me encontrará siempre en la acera de enfrente. Me compruebo una vez más disidente a muchas decisiones de mi institución. ¿Callar? Cuando haya muerto. 


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