¿Universidad sin país?
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Jueves, 27 de Agosto de 2020 00:50

altLa fragmentación-dislocación generalizada que se ha impuesto desde el poder tiránico-criminal como política destructiva en el país alcanzó hace mucho a las universidades.

Esto aunque no queramos en buena medida aceptarlo, como ocurre con la muerte de un familiar muy querido. 

¿Se trata de un asunto laboral? Sí. No hay trabajo sin paga, a menos que sea un obsequio de tiempo, conocimiento y esfuerzo, como hemos estado haciendo hace años en la educación, la salud y toda la administración pública venezolana, como si el régimen despótico se mereciera semejante presente de nuestras manos y cerebro. ¿Se trata de la preservación institucional? Desde luego. Nadie quiere dar como un hecho la aniquilación de aquello conocido como funcional y productivo. Preguntémosle a los empresarios expropiados, por ejemplo. ¿Es el futuro castrado en la formación de la juventud que suspira estancada en sus mejores años? Claro. Nadie desea este profundo despropósito estragoso para quienes están en formación. 
 
La universidad que va quedando tiene que tomar más precisa conciencia en cuanto a que sin país (como ocurre en esta caótica realización en procura no de hacer avanzar en términos de prosperidad a una nación sino centrada en el más firme propósito de saquearla, regalarla y acabarla para "reinar" en la desolación, como Cuba; peor que la isla) la universidad carece de asidero. Los universitarios en coyunturas dictatoriales más suaves (menos narcotizadas, menos repletas de guerrillas y terroristas, menos criminales), se entiende, tuvieron muy claro que la universidad no avanzaba sin libertades. Que una universidad cautiva carecía de sentido. ¿Por qué cerró Pérez Jiménez la UCV un tiempo tan largo? ¿Porque a los universitarios no les dolía la universidad? 
 
Digamos de una vez: ¿El problema universitario es laboral, presupuestario, de preservación y resistencia institucional? No. El problema universitario es político y filosófico. Político por cuanto su existencia depende del avatar, de los dictámenes públicos del poder. Por más autonómica que sea. No es autónoma porque el régimen represor de libertades no le concede ese privilegio constitucional. La tiene también presa, sometida, secuestrada. Y es filosófico porque su verdadera existencia, su ser, no es ficticio, como ahora parece; es real. Y no se basta a sí misma para la subsistencia orgánica que necesita para permanecer. Por tanto ya no es. O exactamente no es. La asfixia la liquidó, aunque haga (hagamos) que sobrevive. Es un ente etéreo que divaga en cada uno de sus componentes disgregados, desperdigados, tal como es la situación actual del país. 
 
De allí que reitero que volver o no a clases es un problema que debemos dilucidar pronto. Negándolo, por supuesto. Pero no es el problema. Monseñor Ovidio Pérez Morales se refirió recientemente a la necesidad de diálogo de quien ocupa la presidencia usurpada del país. Y señalaba que si ése desea conversar con la iglesia la premisa debe ser su salida. La universidad desintegrada por el poder entra en ese diálogo del mismo modo. Su existencia depende como la de todos los venezolanos, de la definitiva resolución del conflicto general del país. Y a eso deben desesperadamente apuntar la universidad, la iglesia, la Fuerza Armada y todas las fuerzas políticas y sociales del país. No hay alternativa factible. 

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