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| Así se ve una generación desencantada |
| Escrito por José Luis Rozalén Medina |
| Lunes, 02 de Agosto de 2010 08:21 |
El psiquiatra Paulino Castell explica que los jóvenes que no estudian, no trabajan y no tienen proyecto de vida son “secuelas de una década prodigiosa a nivel económico, en la que los padres se han volcado en ellos totalmente, les han dado todo y los han liberado de cualquier esfuerzo y responsabilidad”.
Es decir, puesto que ellos, los padres, consiguieron un desahogado estatus económico y social, han querido que sus hijos lo tuvieran todo, sin exigirles nada a cambio, sin fortalecer su voluntad, sin forjar su carácter, convirtiéndolo en seres pusilánimes, muñecos sin orientación ni musculatura moral. La crisis aprieta a toda Europa, pero es en España en donde la desesperanza afecta a más jóvenes (uno de cada tres está fuera del mercado laboral), en donde el desencanto y la impotencia lleva a muchos de ellos a quedarse en casa viviendo a costa de sus padres (ellos que habían pensado siempre que llegarían más arriba que sus progenitores) y les ocasiona frustraciones, conflictos, melancolía, y rechazo de todo lo que les suene a compromiso y trabajo. Mal casan, desde luego, el discurso consumista y hedonista de los años anteriores con la actual precariedad en el empleo, la incertidumbre, la infravaloración de la formación académica, el mileurismo… a los que tienen que hacer frente los jóvenes de hoy. “El modelo de vocación profesional que implicaba un proyecto de vida de futuro y un destino final conocido, con sus esfuerzos y contraprestaciones, ha desaparecido”, escribe con buen criterio Eduardo Bericat, catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla. “Nuestros padres trabajaron mucho y consiguieron algo”, comenta un universitario madrileño, “pero lo que la sociedad nos ofrece en estos momentos no tiene ningún interés para nosotros; la gente tiene pocas ganas de hacerse mayor”. “Lo que observo es que hay muchos jóvenes que seguimos preparándonos para el futuro; si hay crisis, habrá menos para los más preparados, para los mejor formados” dice Gerardo. Raquel, estudiante de 18 años, sostiene con pesimismo: “Conozco a un montón de gente que no tiene ilusión por nada, que van ‘vegetando’ en sus casas, sin hacer nada, y esto para un chico o chica jóvenes es estar muerto en vida”. En cuanto al origen del problema… “La mayor responsabilidad está en los padres y madres”, manifiesta Carmen, “que no les han exigido nada a sus hijos, dándoles todos los caprichos sin atreverse a poner unas normas mínimas de trabajo o de estudio”… “La falta de ideales, de valores, de modelos a imitar, los tipejos impresentable que salen en la tele y presumen de haber triunfado sin ser nada”… “Yo creo que nos han engañado al decirnos que lo único importante es gozar, disfrutar, pasárselo bien, que en los estudios todo debía ser muy entretenido, juguetón, sin esfuerzo… y eso es mentira; para hacer algo importante en la vida, hay que ganárselo y trabajar todos los días”, confiesa Juan Carlos, joven licenciado en paro. |