Los pusilánimes cantan a coro
Escrito por Efraín Alvarado   
Miércoles, 01 de Julio de 2009 14:10

Si es cierto que no hay dictadura buena, el caso hondureño comienza a demostrarnos que golpes de estado buenos, sí los hay. Depende de su causa y efecto inmediatos: si de lo que se trata es de asaltar la institucionalidad democrática y entronizar un régimen autocrático y caudillesco, militar y represor impulsado por la ambición de los cuarteles y los afanes napoleónicos de oficiales ambiciosos, estamos ante el clásico golpe militar del gorilaje latinoamericano.

Como los del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992 mediante los cuales sacó la cabeza de sus cloacas el teniente coronel Hugo Chávez, los más cruentos y salvajes de cuantos golpes de estado se han dado en la Venezuela moderna. Como los que pusieron a Videla y a Pinochet al mando de países ejemplarmente democráticos como Argentina y Chile. Como los clásicos golpes de estado que han manchado la historia política de nuestra región.


Distinto, diametralmente distinto ha sido el caso de la intervención militar escenificada en Honduras. Los militares no han procedido a detener a Manuel Zelaya por iniciativa propia con el fin de asaltar el Poder para su propio provecho. Han actuado por órdenes superiores, civiles e institucionales: la Corte Suprema de Justicia, el Parlamento, la Fiscalía y la Procuraduría de la Nación. Con el respaldo popular de una ciudadanía harta de soportar las incontinencias del ex presidente Zelaya. A quien ni siquiera los legisladores de su propio partido respaldaban. Y se han apartado de inmediato del Poder. No lo han usurpado ni un solo segundo. Debieron ponerle fin a un gobierno que se había puesto manifiestamente al margen de la constitución y las leyes y cuyo propósito evidente, según ha quedado claro a juzgar por la abundante documentación aportada por las autoridades constitucionales hoy en ejercicio, era provocar una grave crisis de gobernabilidad y conducir a Honduras por la vía bolivariana: una dictadura plebiscitaria montada sobre el fraude, la amenaza y la persecución.


El expediente de las violaciones cometidas por Manuel Zelaya es infinitamente menor que el de las cometidas por quien aparece en efecto como el principal responsable de la aventura hondureña: Hugo Chávez. Siendo así, ¿qué razones explican la aparente indiferencia institucional y la apatía de las autoridades tanto civiles como armadas venezolanas? Sin duda ninguna, el uso desvergonzado de la renta petrolera como factor de disolución institucional y corrupción de los mandos civiles y militares de la élite venezolana. Así como la división en el seno de una oposición que no ha sabido comprender la gravedad del mal que sufre y no ha sabido estar, en consecuencia, a las alturas de las circunstancias. Así como el respaldo de una parte considerable de la ciudadanía, corrompida por las prebendas, misiones, regalías y donaciones del Estado.

 

El caso hondureño ha venido a poner dramáticamente de manifiesto la pusilanimidad, cobardía y miseria de una parte significativa de esa oposición, que privilegia la catalepsia que hoy sufre la democracia venezolana al levantamiento popular. Prefiriendo las cadenas a la rebelión. Con el pretexto de una conciencia anti golpista, le deja el campo abierto al golpismo gobernante, abandona a su suerte a las autoridades libremente electas el 23N y corre a postrarse ante los íconos de la estupidez política imperante. Arquetípicas las reacciones ante los acontecimientos hondureños: provocan asco.

 

¿Qué opinarán los militares constitucionalistas venezolanos ante la pusilanimidad de la dirigencia civil que trastabillea y retrocede ante la idea de ponerle coto a las infamias del teniente coronel? Es una pregunta que debiera ser discutida ampliamente. Pues Chávez no dejará el Poder por la vía pacífica y electoral. Menos ahora, que en el colmo de la osadía ha logrado soldar un bloque de respaldo a los poderes establecidos ˆ trátese del dictatorial a la vieja usanza de los Castro, trátese de su propia neo dictadura.

 

Hay golpes y golpes, como hay militares y militares. Es hora de quitarse las caretas y pensar con rigor y disciplina intelectual. O el terror hará presa de nosotros.

Especial para OyN


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