¿Por qué algunos países no quieren elegir un bando en la guerra entre Rusia y Ucrania?
Escrito por Jonathan Benavides | @J__Benavides   
Miércoles, 22 de Junio de 2022 00:00

altLa administración Biden ha pintado un mundo de aliados unidos contra Rusia. 

Pero los números muestran un panorama más complejo. Aunque Europa Occidental y la OTAN han encontrado un nuevo propósito al movilizarse contra la guerra en Ucrania, muchos países del Sur Global, en África, Asia y América Latina, no han tomado partido por ninguno de los actores.

En la primera votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas a principios de Marzo, 141 países afirmaron que Rusia debería “retirarse de inmediato, completa e incondicionalmente”, y en otra resolución, 140 países votaron a favor de la protección humanitaria de los ucranianos. Pero cuando la Asamblea General votó a principios de Abril para expulsar a Rusia del Consejo de Derechos Humanos, la mayoría fue menor. Noventa y tres países votaron a favor, pero 58 se abstuvieron y 24 votaron en contra. Las abstenciones incluyeron a Egipto, Ghana, India e Indonesia, que eran líderes del Movimiento de Países No Alineados, países que crearon su propia agrupación de Estados en lugar de respaldar a EE.UU. o la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Brasil, México, Nigeria, Pakistán y Sudáfrica también se abstuvieron. China votó en contra.

Estados Unidos y la OTAN han liderado sanciones sin precedentes contra Rusia. Pero casi ningún país del Sur Global los ha firmado. A nivel global los analistas que usualmente observan estas respuestas ven un movimiento no alineado revigorizado. Cuando ves un regreso a lo que se parece mucho a la política de la Guerra Fría, entonces es bastante natural que la gente comience a buscar la caja de herramientas conceptual de la Guerra Fría; es un espejo del argumento “La OTAN está de vuelta”.

El Movimiento de Países No Alineados de la década de 1960 no se trataba de neutralidad. Presentó una agenda unificadora para los países en desarrollo atrapados entre las superpotencias en conflicto. Todavía no ha surgido una plataforma similar para el siglo XXI, pero con la mayoría de las personas en el mundo viviendo en el Sur Global y la guerra de Ucrania aumentando las tensiones entre dos de las potencias más grandes del mundo, hay señales de que podría hacerlo.

El Viceministro de Relaciones Internacionales y Cooperación de Sudáfrica, Alvin Botes, ha enfatizado la importancia de la “solidaridad del Sur Global”. Él sostiene que la posición no alineada de Sudáfrica le permite al país tener conversaciones difíciles con Rusia y los líderes ucranianos en busca de mediación. También enfatiza que, con cinco países poderosos que tienen permanentemente poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, la conciencia del Sur subdesarrollado es el movimiento de los no alineados.

El rol del movimiento de países no alineados hoy es tan relevante hoy como lo fue en 1961. Mientras haya una constelación de intereses impulsados por las grandes potencias, a veces completamente ajenos a los intereses del Sur subdesarrollado, existe la necesidad del movimiento de países no alineados.

 

Por qué los países del Sur Global han evitado tomar partido

El 22 de Febrero, el embajador de Kenia ante la ONU pronunció un discurso en el que comparó la guerra en Ucrania con la agresión colonial, y el diplomático apoyó firmemente a ese país. “Kenia y casi todos los países africanos nacieron con el fin del imperio. Nuestras fronteras no fueron dibujadas por nosotros mismos”, dijo Martin Kimani. Los comentarios se volvieron virales y, una semana después, Kenia se unió a otros 140 países en la Asamblea General en una resolución de la ONU que condenaba esa guerra.

En Abril se prestó menos atención a la abstención de Kenia en la votación para sacar a Rusia del Consejo de Derechos Humanos. “Mirar antes de saltar es una buena guía en geopolítica”, tuiteó entonces Kimani, y luego señaló que Libia fue expulsada del Consejo antes de la destructiva intervención de la OTAN en el país. La abstención de Kenia ejemplificó los matices, la deliberación y las compensaciones con las que muchos países están tratando de navegar una guerra entre dos grandes potencias en Europa que tendrá efectos de gran alcance en otros lugares.

Existen múltiples y complejas razones por las que los países pueden querer abstenerse de una votación en la ONU, o votar en contra de Rusia en la ONU, pero luego no quieren participar en las sanciones contra el país, o tomar cualquier posición que no se alinee completamente con EE.UU.. Pero esto no es solo un fenómeno africano, estamos viendo patrones similares entre los países árabes en el Oriente Medio y en partes del centro y el sudeste de Asia. En términos generales, hay tres variables que ayudan a explicar por qué los países buscan un enfoque que no es ni Rusia ni la OTAN.

La primera razón se relaciona con la economía y el comercio. Rusia es uno de los más importantes exportadores de energía, alimentos y fertilizantes. Muchos países no pueden darse el lujo de cortar los lazos económicos con Moscú; India, por ejemplo, también depende de Rusia para la adquisición de armas. Aunque la inversión rusa no está entre los primeros en países de América Latina, sigue siendo un factor determinante. Basta revisar en prensa y redes sociales los comentarios recientes de los ministros de finanzas de Ghana y Nigeria. En resumen, no se presta suficiente atención a los impactos económicos de la guerra en sí.

En segundo lugar, sigue habiendo escepticismo hacia Estados Unidos y la OTAN. La invasión estadounidense de Irak fue una violación del derecho internacional, y muchas naciones ven los otros esfuerzos de cambio de régimen de Occidente en Afganistán y Libia como igualmente defectuosos con efectos indirectos devastadores y aún en curso.

Ese escepticismo se extiende a las sanciones. Los países latinoamericanos son sensibles a las violaciones de la soberanía, y 28 de los 34 países de la Organización de los Estados Americanos votaron para condenar a Rusia en una votación de la Asamblea General de la ONU en Marzo. Pero las sanciones a Rusia no fueron aprobadas por la ONU. Los líderes de México y Brasil se pronunciaron en su contra. Según la agencia Reuters, Bahamas es el único país de la OEA que firmó sanciones contra Rusia.

Muchos latinoamericanos sienten y piensan que las sanciones se aplican de una manera selectiva y politizada con muchos dobles raseros, las ven básicamente, como una herramienta de la hegemonía estadounidense, en lugar de una herramienta de justicia global. Son múltiples los sectores que resaltan la impopularidad en América Latina de las medidas económicas coercitivas de Estados Unidos contra Cuba y que sostienen cómo los civiles se ven afectados negativamente por las sanciones de Estados Unidos a Venezuela.

Y no se trata sólo de las posiciones unilaterales en juego tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Vale la pena señalar que la Guerra Fría no fue muy fría en muchas naciones en desarrollo. La historia ha enseñado (por ejemplo a los países africanos) que convertirse en peones en un conflicto internacional que no pueden controlar genera pocos beneficios y enormes riesgos.

El tercer factor es la solidaridad duradera con Rusia, dadas sus posiciones anticoloniales en momentos de la Guerra Fría, cuando aún formaba parte de la Unión Soviética. La URSS era una superpotencia en sí misma, que tomaba decisiones estratégicas de política exterior en su propio interés percibido. Entre los gobiernos más izquierdistas, Rusia también tiene un legado de apoyo a la independencia de las potencias coloniales. En particular, el Congreso Nacional Africano (CNA) en Sudáfrica estaba muy cerca de la Unión Soviética y mira con cariño a Rusia por su firme posición contra el apartheid. Las conexiones de Sudáfrica con Ucrania también son estrechas porque incluso Odesa, cuando era parte de la URSS, albergaba campos de entrenamiento del CNA.

Más recientemente, el presidente ruso, Vladimir Putin, se ha acercado agresivamente al Sur Global. Y es que con demasiada frecuencia se pasan por alto los intereses de los países del Sur Global. No es solo la administración Biden; esto es una especie de consecuencia de una política exterior de EE.UU. de larga data de ignorar las preocupaciones del Sur Global, mostrar indiferencia absoluta o actuar de maneras que parecen violar lo que son esas reglas del derecho internacional, la agenda del Sur Global es ignorada.

Estas variables no capturan la totalidad de los cálculos de cada país. Se podrían escribir volúmenes sobre la posición de cada uno: China persiguiendo sus intereses complicados y, a veces, contradictorios; Indonesia como indiferente; India navegando con cuidado entre las superpotencias; Arabia Saudita cubriendosus intereses energéticos, y así sucesivamente.

También hay mucha geopolítica en juego. Algunos países pueden evitar elegir un bando como póliza de seguro en caso de que Rusia gane a Ucrania. Y Rusia es una fuerza importante en el sistema internacional, especialmente en las Naciones Unidas. Si eres un país latinoamericano y estás tratando de obtener algunos votos en la ONU, sabes, el 50% de las veces podrías obtener el apoyo de Rusia, pero se puede estar seguro de que Ucrania votará con Estados Unidos. Por todas esas razones, algo que se aproxima a una posición no alineada ha comenzado a tomar forma.
 

El Movimiento de Países No Alineados tenía una visión que no era solo la neutralidad

La reunión de 1955 en Bandung, Indonesia, fue la primera reunión importante de los países afroasiáticos durante la Guerra Fría. El anfitrión de la conferencia, el presidente de Indonesia, Sukarno, expresó una visión esperanzadora de cómo los países pequeños pueden hacer valer una visión global.

"¿Qué podemos hacer?; los pueblos de Asia y África ejercen poco poder físico”, dijo Sukarno. "¿Qué podemos hacer?; ¡podemos hacer mucho!, podemos inyectar la voz de la razón en los asuntos mundiales. Podemos movilizar toda la fuerza espiritual, moral y política de Asia y África del lado de la paz. ¡Si nosotros!". Fue un llamado que, junto con el liderazgo especialmente de Egipto, Ghana, India y Yugoslavia, consolidó el movimiento en la Cumbre de Belgrado de 1961. El movimiento no representaba la neutralidad o la abstención de los asuntos mundiales, sino una perspectiva utópica del mundo, que estimuló colaboraciones culturales transnacionales e ideas revolucionarias en torno al tercermundismo que siguen inspirando a activistas y movimientos políticos.

El movimiento también presentó sus propias ideas radicales. Durante la Guerra Fría, el Movimiento de Países No Alineados era un bloque enérgico que impulsaba temas de la agenda global: la lucha contra el apartheid y la situación de los palestinos. La no alineación no fue simplemente un ejercicio reactivo en el reequilibrio continuo entre los bloques y la búsqueda de un punto medio, se trataba de una agenda afirmativa, incluida la búsqueda de la descolonización y la justicia económica.

Parte del legado del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) es un compromiso con la mediación. La reunión de Belgrado se produjo en medio de la partición de Berlín con la edificación del muro, un momento particularmente tenso de la Guerra Fría. Y el MNOAL envió dos equipos para reunirse por separado con el presidente estadounidense John F. Kennedy y otro con el líder soviético Nikita Kruschev. 

El MNOAL estuvo unido por líderes con grandes personalidades: Sukarno de Indonesia, Gamal Abdel Nasser de Egipto, Josip Broz Tito de Yugoslavia, Jawaharlal Nehru de India, Kwame Nkrumah de Ghana, entre otros. No todos eran demócratas, pero tenían credenciales populistas para enfrentarse a las grandes potencias, lo que les otorgaba una gran autoridad. Juntos, representaron el momento poscolonial para el mundo en desarrollo, pero su postura irritó a Washington y Moscú, y el primero trabajó para socavarlos. Sus sucesores no fueron tan expertos en unir la diversidad de los países no alineados. Los esfuerzos posteriores para ordenar y unir el bloque no han tenido tanto éxito.

Aún así, el Movimiento de Países No Alineados nunca desapareció, y el bloque de países ha perdurado desde el final de la Guerra Fría, para disgusto de los líderes estadounidenses, como la entonces Secretaria de Estado Condoleezza Rice, quien en 2006 dijo con desdén: “Yo Nunca he entendido del todo contra qué no estarían alineados en este momento”. 

Mientras que los líderes del Movimiento de Países No Alineados de los años 60 eran vistos como representantes de la voluntad de las naciones en desarrollo que luchaban contra el imperialismo y el colonialismo, muchos de los países que hoy han tomado posiciones neutrales están retrocediendo hacia la tiranía. Nos viene a la mente India, y Egipto difícilmente es una fuerza de autoridad anticolonial (a pesar de sus votos neutrales en la ONU), ya que recibe miles de millones de dólares en armas estadounidenses anualmente. Entonces, un movimiento revigorizado podría tener dificultades para formar una filosofía e identidad coherentes.
 

Lo que podría significar la no alineación para el siglo XXI

Incluso antes del conflicto en Ucrania, practicantes como el ex embajador chileno Jorge Heine han pedido una “no alineación activa” en respuesta a la competencia global entre EE.UU. y China. A largo plazo, veremos que una gran parte de América Latina no querrá elegir bando en esta nueva Guerra Fría, porque China está muy presente ahora en América Latina; no vamos a tener una América Latina alineándose, como sucedió en la primera Guerra Fría, contra la Unión Soviética con los Estados Unidos.

Es aún más confuso ya que el presidente Joe Biden ha enmarcado la guerra de Ucrania como una lucha entre la democracia y la autocracia, mientras que la administración se acerca a otras autocracias como Arabia Saudita, donde es probable que el presidente viaje el próximo mes. Al usar el marco de democracia-autocracia, la administración Biden desafía al mundo a elegir, pero no todos tomarán la posición de Estados Unidos. De hecho, EE.UU. puede estar alienando a muchos países en el proceso y, sin darse cuenta, alentando la creación de un nuevo bloque no alineado.

El Consejo de Seguridad de la ONU continúa reuniéndose casi semanalmente, directa o indirectamente, sobre la crisis de Ucrania. Pero la Asamblea General se ha estado reuniendo menos. Una de las razones por las que se está calmando es que, francamente, los aliados de Ucrania simplemente no creen que si presenta más resoluciones sobre la crisis, obtendrá el nivel de apoyo que obtuvo en Marzo.

Con ecos del discurso de 1955 de Sukarno en Bandung, el investigador Nontobeko Hlela pidió el mes pasado un reinicio del MNOAL en la publicación keniata “The Elephant”. “Solo manteniéndose unidos y hablando con una sola voz, los países del Sur Global pueden esperar tener alguna influencia en los asuntos internacionales y no seguir siendo solo sellos de goma de las posiciones de Occidente”, escribió.

Significativamente, la resistencia a tomar partido no significa quedarse fuera del conflicto. Cabe señalar que la Unión Africana quiere desempeñar un papel de mediación en Ucrania. Senegal actualmente preside el sindicato, y el presidente de Senegal, Macky Sall, visitó Moscú la semana ante pasada para reunirse con Putin. Sall tiene una visión más amplia para el papel del grupo que abordar la crisis mundial de seguridad alimentaria. Parece estar construyendo sobre el compromiso histórico del MNOAL con la diplomacia. Como dijo el mes pasado, “No queremos estar alineados en este conflicto, muy claro, queremos la paz. Aunque condenamos la invasión, estamos trabajando por la desescalada, estamos trabajando por el alto el fuego, por el diálogo”.

 

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