El anticristo homosexual del Papa emérito
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Jueves, 07 de Mayo de 2020 06:55

altEstupor en términos individuales y tal vez también colectivos en el mundo deberían haber causado las aseveraciones del Papa emérito,

Benedicto XVI, acerca de que: "Hace cien años se habría considerado absurdo hablar de matrimonio homosexual, hoy nos excomulgan cuando nos oponemos a él". También al mencionar que la sociedad moderna genera un credo al "anticristo". 

Lógico. Hace cien años Joseph Ratzinger no había siquiera nacido y las sociedades cambian, avanzan, muy a pesar de él (aunque no todas ni a buen ritmo, como nos consta). Por suerte, dentro de la misma iglesia (razones de sobra tienen) las posturas del otro Papa son desestimadas, tanto como él, como su lucha contra Francisco por el profundo problema del celibato. 

La hipocresía de la iglesia al respecto de los temas sociales y/o sexuales es un fardo de cientos de años. Así que deberían haber causado un hondo prurito en varios eclesiásticos y también en feligreses esas atronadoras palabras papales. La cristiandad, en sus más altos niveles, mucho más en los bajos, chorrea anticristos de continuo, de ser como anatematiza el alemán. Hacen suyas de continuo aquellas palabras cristianas: "dejad que los niños vengan a mí". El propio Jesús, el de Nazareth, por cierto, no lucía tan severo: sin hembra conocida; debido al ascetismo, con un tierno beso sellando la traición de Judas; acompañado recurrentemente por varios apóstoles, lavador de pies de al menos una prostituta extraordinaria. Siempre se reflejó más atractivo, como humano, Jesús que la estampa fantasiosa a la que intentan someterlo. Al querer enaltecerlo, Bolívar se llamó y lo llamó "majadero", nada menos.  

Esa hipocresía religiosa se trasluce inclemente a la vida social, a la vida política, a la sexual, a la jurídica, a la ética. Impregna maleficamente, desde allá, casi todas las grandes discursividades humanas. No es de extrañar que 67 estados en el mundo criminalicen la homosexualidad con penas que van de 10 años a cadena perpetua. 

Pero, de otro lado, va en aumento global el matrimonio gay o el reconocimiento legal/social/sexual/político, de quienes alientan la igualación de las consideraciones en materia sexual. Cerca de treinta naciones ya aceptan de buen modo estas junturas como válidas. En América el avance es notable: Canadá, EEUU, México, en algunos estados y especialmente ciudad de México, reconocen uniones homosexuales. Mientras destaca Suramérica: Argentina, desde 2010; Brasil, Uruguay, Colombia, Ecuador, aceptan las uniones homosexuales. El mundo avanza hacia allá a pesar de los dos Papas. Francisco se opuso ferozmente en Argentina y lo doblegaron. Casualmente la Alemania del emérito también reconoce tranquila la unión sexual libérrima. Oponerse sí es ir contra natura. 

De ese tenor lo entiende Mario Vargas Llosa, quién celebró la orientación legal en España hacia el matrimonio igualitario: "acto de justicia que reconoce el derecho de los ciudadanos a elegir su opción sexual en ejercicio de su soberanía, sin ser discriminados ni disminuidos por ello, y que reconoce a las parejas homosexuales el mismo derecho de unirse y formar una familia y tener descendencia que las leyes reconocen a las parejas heterosexuales". 

Venezuela está aún muy lejos de alcanzar algún progreso efectivo en esa búsqueda de libertades sexuales hacia la que se encamina paulatinamente la humanidad. Al parecer, en esto, en silenciar esto, sí han coincidido gobierno, oposición e iglesia. El rezago es abominable e inconcebible. No se ha pensado ni articulado, efectivamentemente, la necesidad de esos avances de las minorías. Eso a pesar de contar en la Asamblea Nacional con la primera transgénero de América, Tamara Adrián, quién después de su eleccion protestaba el desconocimiento legal de los homosexuales en el país. 

La constitución, por su parte, también  se contradice abiertamente, al exponer la igualdad ante la ley de todas las personas, al evitar las discriminaciones (artículo 21) y al dejar fuera en el artículo 77 toda unión que no sea "entre un hombre y una mujer". Falta mucho camino para torcer el brazo eclesiastico-politico, como cuando Guzmán Blanco, en 1873, con un decreto, le arrebató a la iglesia los esponsales y el matrimonio que acaparaba. 

¿Dónde está el anticristo, Ratzinger?  

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