Solos no podemos
Escrito por Alexis Aponte | TW: @alexisaponte14   
Miércoles, 08 de Abril de 2020 13:00

altEl Covit-19 va dejarnos muchas enseñanzas y experiencias, las cuales debemos capitalizar para el beneficio y progreso de la humanidad.

Una de las más importantes es la cuantificación del riesgo bacteriológico y epidemiológico, el cual tendrá  graves consecuencias  en la gestión de empresas, en la actividad política y en los político, en lo social, económico y financiero. En el caso del Covit-19, a estas alturas de la pandemia, no conocemos su origen, el cual bien podría ser, un descuido de un laboratorio, lo otro, un producto de las guerras bacteriológicas, lo cual según científicos, no es la causa, afortunadamente, ya que, si se demostrara lo contrario, las consecuencias serían mayúsculas en comparación con el daño causado. Pero esa hipótesis es mas de las teorías de la conspiración, que de estas dos cuartillas. 

Queremos iniciar la discusión planteando el tema de la globalización y el riesgo bacteriológico, que desencadene una pandemia, como la que actualmente vivimos. Siempre vamos a estar expuestos a los riesgos, más aun, cuando se trata de un enemigo invisible, el cual puede estar en cualquier sitio y a cualquier hora. 

Este tipo de riesgo, por lo menos el riesgo epidemiológico, siempre ha existido, desde que el hombre comenzó a vivir en sociedad y movilizarse para subsistir. La diferencia con la actualidad estriba en las características propias de la globalización. A tal efecto, la internacionalización primero y la globalización luego, ha generado una actividad muy dinámica en la integración de los mercados y de gran movilidad social. 

A nivel global se producido en gran volumen una integración:  comercial, financiera, mercados, procesos productivos localizados en varios continentes y luego ensamblados como producto final en otro diferente, el desarrollo del turismo,  la manipulación y  transporte de alimentos y materia prima por vías aéreas, terrestre, marítima y fluvial, el tema de los desplazados a nivel regional, el contrabando de bienes y personas, hoy más allá de las fronteras entre dos países, el entretenimiento masivo y localizado, en fin, hay tantas maneras de transportar una bacteria, una célula de un virus, que cualquier control, no sería suficiente. 

Ante tal descripción y propensión al riesgo, el cual no tiene fronteras, tenemos que darle respuestas globales. Dicho de otra manera, la experiencia constructiva de lo que actualmente vivimos, debe ser una mayor coordinación global en materia de investigación, transparencia, complementariedad y solidaridad. 

En los años cincuenta, una de las mayores trabas para lograr acuerdos de paz, basados en el no desarrollo de las bombas atómicas y la prohibición de las pruebas nucleares, era por parte de la antigua URSS, quien se oponía a la inspección de los laboratorios soviéticos, por parte de organismos calificados en energía nuclear (ONU).

Hoy día, a raíz de esta experiencia, eso debe ser un tema a discutir por los organismos correspondientes, para así garantizar la transparencia y eliminar cualquier ruido, alrededor de temas tan delicados. 

Definitivamente, ningún gobierno estaba ni está preparado para enfrentar una realidad como la actual en materia de salud. Esto significa, que por muy bueno que sea el sistema de salubridad, no hay planes de contingencia ni alternos, como enfrentar lo impredecible. En Venezuela, con motivo de la Tragedia de Vargas, lo vivimos y fuimos desbordados por la realidad. Temo, que, en la actualidad, probablemente estamos igual o peor. 

Debemos discutir y diseñar escenarios, tomando como modelos, los que maneja las mejores fuerzas armadas del mundo. Léase; políticas de atención bajo escenarios normales, reservas de primera clase, segunda, tercera y último nivel de respuestas, por supuesto esto en términos médicos y paramédicos. Esto debe involucrar: personal, instrumental médicos, insumos, espacios físicos de conversión rápida, papel de la sociedad civil, militar, concientización, prevención y atención inmediata.

Zonas identificadas con toda la logística de cableado y canalización de aguas negras, blancas, energía y telecomunicaciones.  

Más allá, la Organización de las Naciones Unidas, la Organización Panamericana de la Salud, deben asumir este desafío como seguridad global. Esto requiere acuerdos entre los países, que involucre todos los procesos y consecuencias de un evento de esta naturaleza. Una de las necesidades debería ser, crear un fondo para poder atender a los países afectados. Esto involucra principios solidarios y complementariedad de todos, dadas las asimetrías entre los países. 

Es el momento de realizar un salto cuántico en materia de globalización. Ésta hasta ahora es eminentemente económica y financiera. Los grupos de poder mundiales; políticos, empresas e instituciones mundiales, no han podido avanzar en lograr una globalización, más humana, social y empática. Más aún, ante la actual coyuntura, observamos como países y sus respectivos presidentes, le dan más importancia a la economía y al comercio, que a las medidas sanitarias para encapsular el despliegue del virus. 

Cualquier actividad que sume a la globalización, e involucre al desarrollo tecnológico, información, economía digital, integración de mercados productivos y financieros, debe ser con el fin de hacer la vida en el planeta mas humana y eficiente frente a la sociedad y el entorno físico.

De lo contrario, el descontento social va en continuo ascenso, jóvenes que no se identifican con el sistema democrático, desconfianza en los políticos y en los partidos como órganos de representación, críticos y muchas veces con razón del sistema capitalista, con las consecuencias que todos sabemos: la aparición de salvadores del planeta de extrema derecha e izquierda, el surgimiento de los nacionalismos, que tanta guerra han causado y el desarrollo de un individualismo depredador. 

Esta es una oportunidad maravillosa para integrarnos más, desarrollar la internacionalización, profundizar la globalización social, ser mas solidarios como países y sociedades, porque de lo contrario, el riesgo mayor puede ser desembocar en sociedades hobbesianas. 

Como dijo el Papa Francisco, “no estamos solos”, y “tampoco podemos solos”. La experiencia que nos deja lo que vive los Estados Unidos, es simple: hay eventos que no se resuelven con dinero. El dinero es importante, pero debemos aprender de la experiencia ajena, compartir recursos, hacer ejercicios de prospectiva y de escenarios, porque la verdad hasta ahora es una sola: el virus no reconoce fronteras, ni seguridad nacional, ni alimentaria ni tratados de defensa. 

Por último, no puede ser, para algunos presidentes de estados, sea más importante el Producto Interno Bruto (PIB) que la vida de las personas. Es el momento de los líderes, de las empresas con pertinencia social, y de las personas con sensibilidad social. Es el momento de construir. 

                         


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