El triunfo de Almagro
Escrito por Juan Pablo García | @juanpablogve   
Miércoles, 25 de Marzo de 2020 00:29

altDe tres cosas no se podía quejar Chávez y mucho su menos  su estelarísimo canciller Maduro en relación a la OEA. 

La una, gozó de la pusilanimidad temeraria de  José Miguel Insulza, quien fue un gris secretario general del organismo continental que creyó el puesto como una estancia vacacional: bastaba un viajecito por aquí  otro y por allá, el despliegue de una sonrisa con la palmada en el hombro, como si todo fuese parte de una grata normalidad en este lado del mundo. La otra, Insulza le tuvo miedo personal al barinés y a sus secuaces. Jamás  respondió a los insultos que le propinaron, a las ofensas que fueron más allá de la política. Quizá por algún rabo de paja pendiente, José Miguel quedaba arrinconado, pidiendo a sus amigos venezolanos una rápida mediación. Por último, lo ideológicamente insulso que fue el otrora secretario general que jamás supo retratar lo que había detrás del socialismo del siglo XXI. O, sabiéndolo, se hacía el loco. Por tiránica, retrasada, borbónica que fue esa izquierda, además de asesina, la defendía creyéndola de una gran autoridad moral que jamás la tuvo, la tiene ni la tendrá.

De tres cosas se queja Maduro y su cancillerísima Rodríguez respecto a la OEA. La una que Luis  Almagro ha sido un secretario general activo, detallista,  honesto, capaz y diligente que muy sabe al continente en un momento demasiado importante como para solazarse en el cargo. Conoce muy bien la amenaza y los peligros que corremos de perder de una vez por todas las libertades a favor de las mafias que encontraron un gran nicho en Venezuela. No es flojo ni le pueden venir con cuentos chinos. Lo otro, no le tuvo, ni le tiene miedo a los grandes capitostes de la dictadura venezolana. De una comprobadísima honestidad, investigado por el G-2 hasta los tuétanos para  tratar de descalificarlo, no se deja arredrar por los desplantes de Nicolás y de ningún otro. Pero es otro tan decente como valiente. Consumado político y probado diplomático, sabe muy bien cómo tratar a las fieras de La Habana que son los dueños del circo. Luego, está demasiado claro sobre la defensa de la dignidad de la persona humana, de las libertades, de la justicia. En síntesis, es portador de principios y de valores que tienen audiencia y trascendencia universal en estos tiempos del coronavirus.

A pesar de todos los esfuerzos que Díaz-Canel coordinó desde La Habana para impedirlo, o con  lo que podía contribuir Putin para generarle condiciones adversas, como creyó Maduro, Almagro fue reelegido.  El trabajo realizado al frente de la secretaría general fue su mejor credencial. No necesitó presentarse de otra manera sino como él es con las políticas que ha llevado adelante: reivindicar hoy más que nunca a la OEA como un instrumento democrático, de libertad, de progreso, de sensatez, de eficiencia ante un mundo convulsionado.Y, en adelante, es la OEA que requerimos para la liberación de Venezuela.


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