Cuba Imperialista: una hipocresía organizada
Escrito por Luis Marcano Salazar | @LuisMan69753125   
Lunes, 17 de Febrero de 2020 00:00

altLa dinámica del sistema internacional facilita concebir la gran hipocresía organizada como lo mencionaría Stephen Krasner, en una violenta aceptación de la política de poder

sobre los principios que constituyeron la Carta de Naciones Unidas. Los procesos de descolonización pretendían empoderar a los pueblos de su libre determinación en la escogencia de sus líderes. Sin embargo, la segunda mitad del siglo XX ha dejado como legado que ni las políticas de Naciones Unidas en función de la defensa de los Derechos Humanos, ni la garantía del principio de igualdad soberana de los Estados, ha echado raíces en un mundo que parece sucumbir ante un grave, e inminente conflicto mundial. 

En nuestro hemisferio, la hipocresía es mucho más dolorosa. Por un lado, se invoca el principio de autodeterminación de los pueblos, y en el caso de Venezuela, prácticamente se exige que el pueblo venezolano, secuestrado por una banda criminal asociada a poderes extracontinentales imperialistas y a Cuba, busque solucionar sus conflictos internos de manera pacífica y electoral, y por otro lado, a pesar de las múltiples demostraciones de legalidad y legitimidad que engendra el gobierno interino de Juan Guaido, se exige, desde la cúpula inservible de Naciones Unidas que se respete el principio de no intervención, tapándose los ojos con los dedos abiertos, ante la grosera invasión que ha ejecutado Cuba de las instituciones venezolanas, tanto en los sistemas de inteligencia como en las fuerzas armadas, la explotación de las riquezas del arco minero, y del sistema económico que ha colapsado. Como un parásito, parece que la misión de Cuba en Venezuela ha estado surtiendo efecto: la nación está desmontada con una diáspora que supera los 7 millones de venezolanos repartidos en 90 Naciones, el sistema económico es inexistente, la empresa petrolera ha fracasado, la seguridad social y jurídica no existen y los niveles de vida han llevado a los venezolanos a comer de la basura, tratando de taparse esa realidad con grandes lavadoras de dinero expresada en fastuosos bodegones que pretenden crear una sensación de bienestar. Por otra parte, Rusia, con sus claros objetivos geopolíticos ha enterrado sus garras polares en las espaldas de la República de Venezuela para chupar lo máximo que se pueda de sus recursos, mientras los secuestradores que usurpan el poder, juegan a la política y a la diplomacia, cuando en verdad quienes gobiernan, están en el Kremlin y en la Habana. Es una realidad innegable, que el Secretario General de Naciones Unidas parece no entender [a pesar del informe del Alto Comisionado de los Derechos Humanos], mientras la crisis humanitaria cobra fuerza de tragedia regional, que algo debe hacerse en Venezuela. El apoyo de los Estados Unidos ha generado una alarma en el deteriorado sistema de Naciones Unidas, a pesar de que el país ha sido invadido por dos ejércitos, el cubano y el ruso bajo la mirada cómplice de quienes usurpan el poder.

Cuba, ha demostrado su vocación imperialista dañando la geografía social de América Latina en su denodado esfuerzo por el logro de poder, bajo el pretexto y la pantalla de exportar una ideología que ha fracasado, cuando en realidad, es el oro blanco lo que nutre la agenda macabra que se forma en la Habana y se ejecuta en Caracas. Frente al apoyo de los Estados Unidos al esfuerzo de los demócratas venezolanos para rescatar su libertad, el oso ruso ha pretendido oxigenar y proteger las acciones delictivas de los secuestradores del pueblo de Venezuela. La historia les cobrará con creces su afrenta contra la libertad. 

El tema es que, como siempre acontece en las relaciones sociales, la hipocresía suele llegar a su fin de manera inesperada. A pesar de que el Congreso de Estados Unidos puso límites al poder de guerra del presidente Trump, el caso venezolano lastima y pone en peligro el interés nacional estadounidense, por la presencia de Hezbollah y rastrojos de Al Qaeda en territorio venezolano. La realidad es que, si el sistema de Naciones Unidas permanece inerte, como en los tiempos del Pol Pot y los jemeres rojos, y el daño generado por Cuba en Venezuela sigue esparciéndose como una enfermedad terminal, cualquier reacción que ejecute los Estados Unidos en Venezuela para restituir la libertad se justifica, ante la inercia de un sistema que, a pesar de contar con el Principio de Responsabilidad de Proteger, ha permanecido con los brazos cruzados.

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