Un Duque para Colombia…
Escrito por Alexander Cambero | @alexandercamber   
Martes, 12 de Junio de 2018 00:00

altEl contiguo no quiere vivir nuestra desgracia. Las llamaradas del incendio nacional, se sienten en un vecindario que no pretende terminar convertido en cenizas.

Colombia se apresta a elegir a Iván Duque, como nuevo inquilino del palacio de Nariño, el riesgo de caer en manos del odio de clases, parece estar clausurado ante la conciencia nacional. Es demasiada dura la realidad venezolana; para que nuestro hermano histórico trate de llevarse a su domicilio los gritos que escucha. Colombia siente como es atravesada por los cuatro costados: son ríos humanos de venezolanos que avanzan como un ejército con los pertrechos de necesidad, clavados en el alma, cada uno de ellos lleva en su frente el estigma de un monumental fracaso. El de un gobierno que no supo brindarle las debidas oportunidades, son miles que huyen con el corazón desgarrado en la búsqueda de futuro. Es una diáspora tan grande que los ejemplos anteriores se van quedando pequeños. El ávido elector neogranadino solo tiene que asomarse a la plaza de sus ciudades para ver a nuestros compatriotas durmiendo en las calles, haciendo cualquier cosa para obtener recursos que lo ayuden a mitigar su pena. Son las víctimas de un proceso aniquilador de un país con grandes potencialidades, pero secuestrado por vándalos de la peor especie. Colombia no quiere mirarse en el roto espejo vecino. Gustavo Petro, lo carga en una mochila oculta, el ex guerrillero es un eterno enamorado de la figura tenebrosa Hugo Chávez, a quien embalsamó en su corazón quejumbroso de cuentas por cobrar. La pirueta cósmica realizada por el ignaro teniente de marras, lo seduce, tal como su ídolo, oculta su verdadero rostro en corteses formas de amplitud democrática, detrás está la verdadera razón de un proyecto político, que busca una confrontación: que anhela que los sueños trasnochados logren cumplir el objetivo. Es el mismo fusil guerrillero disfrazado de balas pseudo constitucionales para ir reactivando una América atada a los intereses del totalitarismo, con la caratula de una paz que proclaman a los cuatro vientos, pero que irrespetaron desde su embrionaria violencia. Esos genes siguen camuflados, subrepticiamente se deslizan tímidamente por las entrañas institucionales para volcarse a su yugular. En su esencia anda pululando el misterio que lo llevó a empuñar el arma contra inocentes. 

Por otra parte, el apellido del nominado democrático a la presidencia colombiana, no tiene nada que ver con su futura performance. No es título nobiliario con lo cual los nobles designaban a un ser por ser heredero de un reinado, este simboliza la alternancia en el poder que brinda el voto. Iván Duque es una verdadera esperanza para su pueblo. Un brillante tecnócrata formado en las mejores universidades del planeta; para construir progreso. Su inteligencia estará dedicada exclusivamente para hacer de Colombia, un país que se transforme en una gran plataforma para la inversión y el desarrollo sustentable, con justicia social y plenas libertades en todos los órdenes.

Mientras Venezuela vive una escalofriante hiperinflación de consecuencias funestas, la hermana república se apresta a crecer de manera extraordinaria en la gestión de Duque…

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