La experiencia argentina
Escrito por Alexis Aponte | @alexisaponte14   
Martes, 12 de Junio de 2018 00:02

altArgentina es una de las principales economías del mundo con un Producto Interno Bruto (PIB) superior a los US$ 600.000 millones (Banco Mundial, 2018).

Es un país con una actividad económica diversificada tanto en el campo manufacturero, servicios, industrial, Agricola, pecuario, y con avances en el campo tecnológico. Es líder en la actividad pecuaria con  una de las mejores ganaderías del mundo. En el área agroindustrial sus productos son de calidad con presencia en los mercados internacionales. Tiene un capital potencia en recursos naturales hídricos que conjuntamente con unas excelentes tierras agrícolas la convierten en un país ventajas comparativas  en materia agrícola. 

En el área social Argentina muestra unos resultados para “el primer semestre de 2017, (según las estadísticas oficiales) el 28,6% vivía en la pobreza, mientras que el 6,2% se encontraba en situación de pobreza extrema.” (Idem). La información no oficial, indica que estas cifras se han incrementado, como consecuencias entre otras variables de un incremento del desempleo. 

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El presidente Macri ha venido haciendo un esfuerzo por enderezar los entuertos económicos heredados de la gestión Kirchernerista, la cual se caracterizó por una economía cerrada, control de precios, restricciones cambiarias, subsidios a los servicios públicos, subsidios directos e indirectos a los más necesitados, déficits fiscales y unas limitaciones de acceso a los mercados de capitales internacionales. Todo  propio de gobiernos populistas, enemigos de la iniciativa privada y amigos de mantenerse en el poder a cualquier precio, incluido el de someter a un país a la pobreza y al subdesarrollo. 

Sin embargo, en economía la voluntad no es suficiente para corregir las distorsiones económicas, más aún, cuando se trata de una década de errores económicos. En este punto, hay una discusión entre los economistas: Los “gradualistas” versus “las soluciones rápidas”. A Macri se le critica la aplicación de una política económica progresiva en lugar de haber aplicado medidas dirigidas a corregir de raíz las causas de los problemas económicos. 

La causa de la inflación se origina en el déficit fiscal, el cual  debe ser financiado con un mayor endeudamiento público y éste se refleja en la liquidez monetaria que a su vez presiona el tipo de cambio. Este ciclo tenía que manifestarse y se hacía sentir, lo cual obligaba al Banco Central quemar reservas en el mercado para soportar el tipo de cambio. Esto generó lo que se denomina como un “atraso cambiario”. 

Por otro lado, es verdad, se ha venido logrando una recuperación económica, pero el país no ha incrementado sus exportaciones (período 2016-2017) en aquellos rubros de mayor valor agregado nacional, llámese: productos primarios y de origen agropecuario, mientras que se han aumentado las exportaciones de productos industriales, energías y combustibles. Éstos últimos requieren de bienes intermedios, en su mayoría importados que drenan el nivel de divisas. 

Lo anterior se refleja en un incremento de las importaciones en el mismo lapso de los bienes de capital, bienes intermedios, lubricantes,  combustibles y bienes de consumo. La recuperación económica tiene un costo en divisas, dado el rezago tecnológico, de procesos,  reactivación de líneas de producción inactivas y desarrollo de otras para lograr eficiencia en el mercado. 

Otro punto importante lo constituye la apertura comercial, que implica modificaciones arancelarias en un país con un atraso de varios años en esa materia. Esa decisión traería un incremento de las importaciones, era  el costo a pagar para incorporarse al mercado internacional de una economía globalizada. Evidentemente su peso se hizo sentir sobre las reservas internacionales. 

Todas las decisiones económicas enumeradas anteriormente más la eliminación de las restricciones cambiarias fueron tomadas en un “fast track” en las primeras semanas de gestión de Macri. Sin embargo, aplicó el “gradualismo” para corregir: el déficit fiscal, las políticas salariales, el gasto público y las distorsiones creadas por los subsidios directos e indirectos.

Todo esto se reflejó en los niveles de inflación, que si bien disminuyó para el año 2017 versus el año anterior, todo apunta que este año superará el 25%. La materia inflación no ha sido aprobada por Macri, y debería ser la principal en su agenda. La inflación presiona el tipo de cambio y éste debe ser ajustado de acuerdo al mercado, de lo contrario se corre el riesgo de un rezago cambiario, a lo cual los operadores se le adelantan. 

Otro de los errores de la gestión de Macri ha sido el “optimismo exagerado”,que condujo a fijar objetivos de crecimiento de la economía para los años 2017 y 2018, muy por encima de la realidad objetiva y de niveles de inflación muy por debajo a lo que dictaba la lógica económica (para 2017 el objetivo era de 17%). Cuando se planifica con premisas equivocadas, es evidente que todo lo que se refiere a Presupuesto público, necesidades de divisas, Balanza de Pagos y Balanza Comercial, arrojará resultados diferentes a lo esperado. La objetividad, la necesidad de manejar información fidedigna y cruzada, es crucial para las economías en transición. 

Podríamos seguir enumerando aciertos y errores de la experiencia actual argentina, pero las limitaciones se imponen. Sin embargo queremos abordar algo medular. Aun con ayuda financiera internacional, la cual es importante y necesaria actualmente, pero no es suficiente para resolver los problemas económicos sociales de esta nación. 

Argentina tiene que sincerar y modificar su ADN político social. El daño causado por Juan Domingo Perón y por gobiernos sucesivos, como los de Menem, Kirchner, Cristina Fernández, ha moldeado un país, en la cual hay sectores que se sienten con todos los derechos y pocos deberes. El respeto a la propiedad ha sido vulnerado y la institucionalidad es frágil. 

Si el presidente Macri o el o los que vengan, no le “venden” y logran un consenso con los partidos políticos, sindicatos, piqueteros, empresarios, gremios profesionales, el sector agropecuario, financiero y la iglesia, si no se logra un gran Acuerdo Nacional de mediano alcance, cualquier sacrificio y esfuerzo  económico financiero se podría diluir en el tiempo, porque las amenazas que gravitan sobre la sociedad argentina son inmensas. El problema es económico y es social y eso hay que abordarlo con resolución, con base política, social y financiera. 

Como venezolanos queremos que Argentina le vaya bien, pero cuando pensamos en  la tarea titánica que realiza Macri, y la que tendremos que realizar en Venezuela, con distorsiones parecidas pero con desventajas notables es para reflexionar más allá de los partidos políticos. 

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