Las actrices porno apuestan por Twitter
Escrito por Iván R. Méndez | @ivanxcaracas   
Jueves, 04 de Junio de 2015 11:26

altEs una realidad, los sitios porno tienen más visitas mensuales que Twitter, Amazon y Netflix combinados, leemos al inicio del documental  “Hot girls wanted”

dirigido por Jill Bauer y Ronna Gradus, y producido por la actriz  Rashida Jones  (hija menor de Quincy Jones) para Netflix.

En los 84 minutos de  "Hot girls wanted"   le seguimos el ritmo a  un grupo de jovencitas (Rachel, Belle, Karly, Michelle, Jade y Tressa) estadounidenses que se han mudado a Miami Beach a filmar porno amateur y ganarse unos dólares, mientras sueñan con una fama y fortunas que, seguramente, se esfumarán como aparecieron… ¿Por qué Miami? Porque en Florida, a diferencia de California, no se exige que los actores porno usen preservativos  en un negocio donde el  “realismo” es lo que vende. Además, en la era de Internet, la vecina encarnada por las actrices porno es reemplazada por la chica real.


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La investigación, realizada para la película por The Kinsey Institute  , muestra como la tendencia a desnudarse frente a las webcams, publicar tuits insinuantes y subir  videos a Youtube es el camino rápido que encuentran las adolescentes para alcanzar la celebridad. Esta fama  va más allá de los cinco minutos sugeridos por Andy Warhol, ya que  su imagen desnuda perdura en la red y en los dispositivos que las descargan. En el documental se menciona  el caso de la estudiante de sociología (Duke University) Belle Knox  que alcanzó 12.000.000 de visitas en su video porno debut, “la sociedad está aceptando a las chicas que hacen porno, se ha vuelto algo corriente”, asevera Riley, el agente de las protagonistas del film.

Twitter y Craiglist, los aliados del porno

Twitter  es la clave del éxito para las aspirantes a actrices porno  porque no censura el contenido porno, como si lo hacen Facebook e Instagram. Además, en Twitter puedes abrir una cuenta desde los 13 años y empezar a “deslizar” contenidos sensuales desde esa edad (@MissStellaMay confiesa, al final del documental que eliminó su cuenta y la de @avataylorxxx  aparecen sin tuits publicados).

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¿Cómo reclutar a estas chicas? Vía Craiglist, los “reclutadores” sólo cuelgan un anuncio en la sección de “Talentos” y éstas, con secundaria a cuestas y muy aburridas en las pequeñas ciudades y pueblos  que abundan en los Estados Unidos, acuden al llamado de Riley (23 años), un lavaplatos que decidió emprender en este negocio como “agente de talentos” (y talento, eufemismo para actor porno). El “agente” se jacta en cámara de “ser un ganador”, viviendo en una casa de cinco habitaciones en Miami Beach (con la renta pagada por sus “chicas”), ganar buen dinero  y tener su propio auto.

“Cada día una chica cumple 18 años, quiere huir de casa y quiere hacer porno”, asegura Riley.

El dinero...
Aunque muchos sitios porno son gratuitos, la mayoría filmados en HD son por suscripción y entre los tres principales recaudan unos 50 millones de dólares al año…  Las películas semi profesionales se ruedan con cámaras digitales de bajo costo, sin guiones y un promedio de $800 pagados a las jóvenes actrices por cinco horas de filmación (versus 8.25$ la hora si trabajaran en un sitio común y corriente explica  Rachel de 18 años, con apenas una semana haciendo porno). Las chicas nuevas filman de 3 a 5 escenas por semana, lo cual totaliza, si todo va bien, unos $4.000 semanales. La gente pide que parezcan reales, “chicas corrientes que están excitadas”, indica  Riley.

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Rachel cuenta que por una escena de felación, sin sexo adicional, recibió $300… e indica que en esa filmación entendió como se sienten las mujeres violadas, ella no sabía si podía irse y se cuestionó incluso si de verdad necesitaba el dinero. Las actrices, comenta Stella, deben comprar docenas de bragas, sostenes, uñas postizas, maquillaje, comida, pagar la renta y darle diez por ciento (10%) al proxeneta (o agente de talento) Riley.

En balance, tarifas de prostitutas, pero con audiencias de 35.000.000 millones de espectadores y  ansias de parecerse a las Kardashian, Farrah Abraham o Miley Cyrus.

Fecha de vencimiento

Declara Tressa (19 años), aka Stella May,  que si no hubiese existido Internet quizá habría estudiado en la Universidad de Texas (aspirada a ser porrista de ese campus)  o buscado trabajo en otro estado… En el documental nos enfrentamos a los crudos testimoniales de sus padres y de su novio, quienes habitan entre la vergüenza y el desconcierto del camino escogido por Tressa.

El perfil de la industria apunta a muchachas de 18 a 21 años que nunca hayan filmado. Una vez aparecidas en cámara su tiempo de duración, en promedio, es de tres meses donde pueden aparecer entre 3 y 5 películas. Si no tienen éxito, “tienen que aceptar tareas orientadas a un nicho para conservar el trabajo”…

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Tressa (aka Stella) duró cuatro meses en el negocio. Vemos en el documental que se desconectó de esa vida. Durante ese tiempo, y con cientos de horas filmadas, sólo facturó $25.000, de los cuales, al retirarse, sólo conservaba $2.000 en su cuenta bancaria, “disfruté ese egoísmo durante cuatro meses. Fue suficiente. Muchas cosas cambiaron en esos cuatro meses”, declara. Ahora dirige un restaurante en Arlington, Texas, donde vive junto a su novio.

Rachel dejó la industria porno seis meses después y alcanzó los 23.300 seguidores en Twitter. Ahora estudia fotografía. Jade también lo dejó y ahora hace videos en línea donde ella controla cómo aparece ante la cámara.

La casa de Riley tiene ocho nuevas candidatas a estrellas porno al final del documental. La historia sigue.

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Netflix lo hace de nuevo, y entrega un documental crudo y muy bien realizado sobre las malformaciones sucedáneas de esta era 2.0 donde no todo puede encerrarse en un “favorito” o “me gusta”.

@ivanxcaracas

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