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| Qué temprano se nos hizo tarde |
| Escrito por José Carlos García Fajardo |
| Sábado, 17 de Diciembre de 2011 07:45 |
Qué temprano se nos hizo tarde. Es la sensación que nos invade ante las mutaciones de la vejez. De la actitud que adoptemos depende seguir siendo nosotros
mismos hasta la culminación de la vida. Ser felices sabiéndonos adaptar como agua al terreno sin dejar de ser agua. ¿Le preocupa envejecer? ¿O su papel en la sociedad cuando tenga 60, 70 u 80 años?Muchas personas se preocupan por si hay vida después de la muerte. Lo que es evidente es que hay vida antes de la muerte. Y es necesario vivirla con dignidad, con la mayor autonomía posible, con salud y en buena forma física, relacionándose con los demás, participando en actividades apropiadas a la riqueza del tiempo con el que ahora vivimos. Con un control médico regular y programado, con un plan de vida al igual que hacíamos en nuestros años de formación, con alimentación adecuada a nuestras necesidades, con ejercicio físico diario, consultado por su médico, y en casi todas las situaciones, con una caminata diaria al aire libre. Poniendo en activo y ejercitando las capacidades para hacer cosas que no hemos podido durante lo años en los que teníamos otras responsabilidades: cuidar plantas, juegos, lecturas, paseos, viajar, escribir, asistir a conferencias, museos, hobbies, y a disfrutar lo más posible de las facilidades que nos permiten los nuevos medios de comunicación social. En Internet, Facebook, Twitter, blogs, chats, Skype, etc. A las personas de edad media, porque aliviaremos sus preocupaciones de envejecimiento y porque podremos mostrarles cómo es posible mantenerse con autonomía con una vida llena de posibilidades. Con humor y con libertad, con alegría y con disponibilidad, responsables de nosotros mismos y de nuestro entorno, cooperando con organizaciones de la sociedad civil y siéndonos útiles y necesarios para otras personas, ambientes y comunidades. A los jóvenes, porque comprenderán que los mayores llevamos dentro al niño que fuimos o al joven que pudimos haber sido. No se trata de añadir años a la vida sino de vivir el tiempo que tenemos ante nosotros con plenitud y satisfacción. Claro que no podemos tirar de un carro, cambiar las ruedas al coche, o hacer esfuerzos propios de otras edades. Pero sí podremos mantenernos activos, despiertos y capaces de compartir conocimientos y habilidades. Aquí entra la imperiosa necesidad de la Solidaridad intergeneracional. No son pocas las personas mayores que viven solas ni menos los jóvenes que no han podido desarrollar esa riqueza de una vida familiar plena. Matrimonios separados, familias desestructuradas, hijos con vida independizada, migraciones, separaciones físicas que hoy pueden ser superadas con esta maravilla de los nuevos medios de comunicación que nos permiten en tiempo real establecer contacto con nuestros seres queridos, amigos y nuevos conocidos. La soledad querida, vivida, enriquecida es algo muy distinto al aislamiento impuesto o soportado. Tenemos una tarea, nosotros, los viejos, que no se puede improvisar y que podemos compartir. El aumento del número de personas mayores se percibe como una carga para las más jóvenes en activo. Sin embargo, hoy vamos cumpliendo años con mejor salud que las generaciones anteriores. Y los mayores tienen unos conocimientos y unas experiencias válidos que los más jóvenes pueden aprovechar. A mis 75 años me siento dichoso y activo relacionándome a diario con miles de personas con las que compartir experiencias, lecturas, viajes, conocimientos, sabiduría gracias a Internet. |