Caracas, Jueves, 17 de Abril de 2014
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Eduardo Mendoza Goiticoa: “Estoy seguro que veré un país mejor”
Escrito por Milagros Socorro (periodista)   

altMinistro de Agricultura y Cría a sus 28 años, en 1945, merecería del entonces presidente Betancourt elogiosas referencias en las que resaltaba, según ha dicho Ramón J. Velásquez, “la tecnificación del Despacho a objeto de hacer un organismo idóneo para fijar la política del desarrollo agrícola”. De paso, está pendiente un homenaje por su contribución al ingreso multitudinario de inmigrantes a Venezuela.

Mientras subía en el ascensor, hasta el cuarto piso, donde vive Eduardo Mendoza Goiticoa, bajé la voz para interrogar a la empleada que había ido a recibirme por la salud del dueño de casa. ¿Cree usted que está en condiciones de hablar? ¿No estará muy pachucho?

Al llegar al apartamento me encuentro un hombre recién bañado, muy atildado, vestido con una camisa de fino algodón y unos pantalones de caqui. Está de pie entre dos señoras ataviadas con atuendo deportivo. Son sus compañeras de tai chi, que un par de veces por semana vienen a ejercitarse con él en su terraza. Al noticiarse de este hábito, Sandra Bracho le pide que pose para ella ejecutando con los brazos una posición de ese arte marcial y que, por favor, sonría para la cámara. “¿Estás loca?”, responde al punto entre risas. “Será para que todos los mamadores de gallo de Caracas me llamen para decirme: ajá, haciendo morisquetas con las manos y de mucha risita. Ni loco”.

Al entablar el diálogo habré de hacer acopio de paciencia porque el entrevistado, que elucubré desmayado en una mecedora y con voz inaudible, no se está quieto en su silla. Tan pronto corre a buscar una carpeta donde está el dato que sustentará una de sus afirmaciones o salta a atender el teléfono. Sólo me queda contemplarlo mientras cruza el salón a zancadas. Jamás pensé que una entrevista cuya coartada eran las nueve décadas del tercio en cuestión se vería tantas veces interrumpidas por sus escapadas con paso atlético.

Eduardo Mendoza Goiticoa nació en Caracas el 9 de junio de 1917. Fue el séptimo hijo de Eugenio Mendoza Cobeña y Luisa Goiticoa Amestoy, ambos de notable linaje. De origen vasco y descendiente del primer Presidente de la Primera República, Cristóbal Mendoza (quien propuso el otorgamiento del título de Libertador a Simón Bolívar) por vía paterna) y pariente consanguíneo del mismo Bolívar, por conducto de su madre, quien era bisnieta de los esposos Dionisio Palacios y Blanco (hermano de María Concepción, madre del Libertador) y de Juana Bolívar y Palacios (hermana del héroe).

Su infancia transcurrió en una Caracas “provincial cuyo principal transporte era el tranvía”, donde adquirió un habla encantadoramente caraqueña que no se ahorra expresiones como guá y la permanente coletilla de chico, que intercala en muchas oraciones. Es un hombre refinado en el sentido, digamos, más espiritual del término. Su manera de expresarse es de una absoluta corrección y a la vez llena de gracia. También se echa de ver que es individuo de grandes y hondas pasiones, entre las que destaca su país y, sobre todo, sus campos y los tesoros que de ellos pueden –y deben, es su permanente admonición- cosecharse.

 

El ministro más joven

Estudiante del colegio La Salle, sus correrías por Caracas y sus alrededores incluían compañeros de otros liceos. Es así como, cuando vino Gardel, en el año 33, fue con sus amigos, entre quienes se contaban Ramón J. Velásquez, Leonardo Ruiz Pineda y Héctor Hurtado, a recibir al Zorzal a Caño Amarillo.

Al graduarse de bachiller, en 1935, se inscribió en Medicina, en la UCV, más que todo por ser la opción escogida por la mayoría de sus amigos. Pero no daba, según dice, pie con bola. Su querencia era el campo. “Me dirigí al recién fundado Ministerio de Agricultura, que encabezaba Alberto Adriani (durante el gobierno de López Contreras), donde había un programa de becas para estudiar en el extranjero Agronomía y Veterinaria. Me gané una beca y me fui a La Plata, Argentina, por cuatro años y medio, que coincidieron con la segunda guerra mundial. Era muy difícil viajar a Venezuela. Aproveché mis vacaciones para trabajar en estancias y en el Instituto de Colonización de la Provincia de Buenos Aires. Esa pasantía me sirvió para convivir, durante dos veranos australes, con colonos europeos en la zona semitropical argentina, lo que me dio una experiencia invalorable”.

Regresaría en el año 42. Y tres años después, el 19 de octubre del 45 (un día después del golpe) lo llamó Rómulo Betancourt, presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno para ofrecerle el Ministerio de Agricultura y Cría, el cual aceptó. Tenía 28 años. Allí conformó un exitoso equipo, en el área de Economía, con Manuel Pérez Guerrero, titular de Hacienda y Juan Pablo Pérez Alfonso, en Fomento, que contribuyó a casi triplicar los ingresos fiscales (de 660 millones de bolívares en 1945 a 1.776 en 1948).


El cartero llegó tres veces

Entre las iniciativas más remarcables de Eduardo Mendoza en Agricultura y Cría se encuentra su aporte a la política de inmigración. “En 1946”, explica, “se creó, en el marco de naciones Unidas, el Instituto Internacional de Refugiados para fomentar las migraciones de los desplazados por la guerra. Esta novedad, sumada a las vivencias que yo había tenido en Argentina, me llevaron a presentar un proyecto a Betancourt para abrir las puertas de la inmigración.  Se creó una Comisión de Inmigración para que manejara el proyecto y nombré a Enrique Tejera París para que fuera a Italia, donde estaban centralizadas las gestiones y la vinculación con los demás países.

-El programa –apunta Carlos Alarico Gómez- trajo una inmigración selectiva que alcanzó un total de 1.780 personas en 1946 y de 11.307 el siguiente año. La nacionalidad española ocupó el primer lugar, seguida de la italiana, la polaca, la colombiana, la ecuatoriana y la peruana. La mayor parte de estos inmigrantes eran agricultores. El 17 de febrero de 1947 se firmó un convenio con el Comité Intergubernamental de Refugiados, con sede en Londres, mediante el cual Venezuela se comprometió a recibir una cuota de 15.000 inmigrantes. Para recibirlos se desarrollaron los proyectos de El Trompillo, en Carabobo, que comenzó a funcionar durante la JRG y el de Turén, en Portuguesa, que fue desarrollado durante el Gobierno de la Junta Militar.

-Anteriormente, -evoca Eduardo Mendoza- en el año 38, cuando el nazismo campeaba por Europa, había un barco vagando por los mares con 50 familias judías que huían de una muerte segura. Se habían detenido en varios puertos y nadie los había querido recibir. Y López Contreras los recibió. Teníamos, pues, este precedente, que nos llena de orgullo.

Mendoza Goiticoa renunciaría al Ministerio en diciembre del 47 por encontrarse en total desacuerdo con la decisión del Gobierno de importar 148.123 kilos de carne de Argentina, país afectado por la fiebre aftosa. En respuesta a su renuncia, Betancourt le escribe una carta para agradecer sus servicios, que debe pasar a la historia por la minuciosidad de las explicaciones que el mandatario ofrece a su ministro saliente de las razones por las que ordenó aquella introducción a Venezuela de carnes sureñas.

Al triunfo electoral de Rómulo Betancourt, en el año 59, éste ofrece el Ministerio de Agricultura a Mendoza Goiticoa, quien rechaza la oferta. “Ese fue un error que cometí pero que se explica porque tenía el recuerdo de mi gestión anterior como ministro: una locura de trabajo en la que yo llegaba a la casa a las dos de la mañana para volver a salir a las cinco. No dormía ni tres horas”. Posteriormente, el mismo día que en resultaría electo Raúl Leoni en la Presidencia, éste le formuló la misma oferta. “Y volví a cometer el error, lo veo ahora, de decirle que no”.

A partir del año siguiente, 1948, Mendoza pasó al Departamento Técnico de Protinal, donde estaría varias décadas, siempre entonando su particular versión de la silva a la agricultura de la zona tórrida.

Tener 90 años… y un país así

 -Tener 90 años –reflexiona Eduardo Mendoza Goiticoa- da lugar a sentimientos encontrados. Por una parte, uno se sorprende de haber llegado a esta edad en condiciones relativamente favorables y, por otra, se preocupa constantemente porque un cambio de esa situación puede presentarse en cualquier momento.

De la juventud extraña montar a caballo, manejar un carro y comer ciertas cosas. “Todo eso me lo prohibieron los médicos hace más de diez años. Y no me ha quedado más camino que acogerme a esas limitaciones para tener una vida relativamente normal. Yo no me siento viejo. Lo que me siento es virote [zoquete]; si volviera a nacer tendría, a grandes rasgos, la misma vida pero la haría más rendidora en obra y recursos. Creo que no he sabido aprovechar todas las oportunidades que se me han presentado”.

-Lo más duro es soportar la muerte de los seres queridos, sobre todo la desaparición de mi esposa, que ocurrió en noviembre del año pasado. La soledad es tremenda y muy difícil de sobrellevar. Y no menos desolador es llegar a esta edad y ver el país como está. Jamás en la vida imaginé que Venezuela, en el año 2007, iba a estar en esta situación desastrosa, tomando en cuenta, además, el desperdicio de oportunidades brillantes y el malbaratamiento de los recursos. Esto me duele profundamente. Es absurdo lo que estamos viviendo, es como si hubiéramos sido invadidos por un enemigo nefasto. Pero yo creo que, aunque no será muy pronto, sí voy a ver un país mejor”.

“Venezuela venía con un proceso, que ha podido ser mucho mejor, indudablemente, de mejoramiento sostenido de la producción agrícola e incluso había exportación en estos rubros. Pero en los últimos ocho años, todas las medidas que se han tomado en este sentido han sido terribles. El descenso de la producción agrícola venezolana es inconcebible y su mejoría no se producirá mientras no se modifique en su totalidad la política agrícola”.


Daticos sueltos

  • Durante su gestión ministerial se creó el programa de mestizaje de la ganadería bovina
  • Es abuelo materno del alcalde Leopoldo López Mendoza.
  • En 2004 recibió la Orden Fedeagro al Mérito Agrícola.

 (*): Publicada en El Nacional. Consignada por la autora.