Banner
Banner
Banner

Caracas, Viernes, 30 de Julio de 2010
Opinion
Noticias
Banner
Banner
Banner
Banner

La tercera dictadura PDF Imprimir E-mail
Escrito por Editorial Opinión y Noticias   
Domingo, 30 de Agosto de 2009 18:08

altQue sepan las autoridades del grave riesgo que corren. La república triunfó y sobrevivió a las dos dictaduras anteriores. Sobrevivirá, muchísimo más temprano que tarde, a esta tercera dictadura. Es el signo de los tiempos. Los ideólogos del caudillismo golpista dieron con la manía de la clasificación de nuestra historia en “repúblicas”, de la que ellos serían los gestores de la quinta. A la que le pronosticaban lo que los aztecas a su quinto sol: la gloriosa culminación de los tiempos.

Más adecuado hubiera sido que clasificaran la historia republicana por las dictaduras que interrumpieran el curso de nuestro desarrollo como pueblo civilizado. De las que en este último siglo han sobresalido tres: la primera dictadura del siglo XX, bautizada por Juan Vicente Gómez en 1908; la segunda dictadura, bautizada por Pérez Jiménez en 1948, y la tercera dictadura, abierta como todas las anteriores con fulgores de renovación nacional, bautizada en febrero de 1999 por el actual mandatario. Más que la tercera del siglo XX, la primera – y quisiéramos que última para fortuna y gracia de nuestra república – del XXI.


Las dos anteriores vieron la luz siguiendo el normal desenvolvimiento de los partos dictatoriales: de un día al otro. Fueron dictaduras inocentes: se declararon de tales sin pretender engañar a nadie de lo contrario. Siguieron hasta con cierto orgullo profesional los dictados del gendarme necesario inventado por el Dr. Laureano Vallenilla Lanz. Y ambas, justo es decirlo, no dejaron de procurarle algunos signos de progreso y modernidad a las estancadas aguas de la república. Esta última dictadura chavista, la tercera,  por el contrario, en un largo proceso de marchas y contramarchas, siempre travestida de democracia. Recibiendo todos los favores de los dioses y dejando la más cuidadosa y eficiente obra de destrucción material y espiritual de la república. Es una dictadura parida en un enrevesado proceso cumplido en cámara lenta, siguiendo la anecdótica experiencia del sapito que se hirvió a plazos. Para no sufrir los rigores de una súbita cocción.


Hasta aquí llegó el travestismo democrático: desde ahora comienza la dictadura brutal, pura y simple. Luisa Ortega Díaz, encargada del ofertorio, lo ha declarado sin omitir detalles: es pecado y constituye crimen aleve a ser castigado con penas de entre 12 y 24 años cualquier manifestación política adversa al régimen establecido. La política sólo es permitida a los seguidores del presidente de la república, quienes pueden manifestar, marchar y cumplir con todas las órdenes que se les imparta desde Miraflores, no importa el objetivo y propósitos. Sea para vitorear al caudillo o para maltratar, incluso asesinar, a quienes osen desconocer los ucases de la Sra. Fiscal. Y si la farsa imperante lo exige, de detener a un militante de la revolución bolivariana como la señora Lina Ron, se la enviará a La Archila de vacaciones pagas con un séquito de servidores uniformados a su orden. Los opositores a Yare. Así de sencillo.


Hemos ingresado, pues, a la tercera dictadura. Las dos anteriores llegaron a su fin tras pasar por diversos avatares. La de Gómez sobrevivió tanto como su principal beneficiario. A su muerte, en 1935, se agotó sin remedio. La segunda aguantó una década y terminó aventada de Miraflores por el levantamiento cívico militar del 23 de enero de 1958.

 
Banner
Banner